Punto de vista en tercera persona
Lila sonrió frente al espejo, alisando la suave tela de su vestido. Estaba a punto de dar una fiesta para todos sus seguidores solo para demostrarles cuánto los apreciaba.
—Señorita Lila, luce deslumbrante —Olivia la halagó desde atrás, era su principal apoyo—. Todos la van a amar.
—No lo habría logrado sin ti, Olivia —dijo Lila, volviéndose hacia su nueva amiga—. Reuniste a tantos integrantes de la manada para apoyarme; gracias.
Olivia se sonrojó.
—No quiero a esa huérfana como mi Luna, sería pésima para el trabajo. Sin el adiestramiento adecuado, llevaría la manada a la ruina —dijo Olivia, frunciendo el ceño con los brazos cruzados—. Solo busco lo mejor para todos, y esa eres tú. Ahora que tu familia finalmente salió de su escondite, quiero darte el renombre que mereces.
Lila sonrió más al posar una mano en su hombro.
—Eres muy amable —dijo suavemente, retirando la mano—. Realmente te aprecio, Olivia. Tus amigas también son muy gentiles y sus esfuerzos son valiosos. Pronto, Gavin verá que soy su pareja ideal y dejará a Judy. Él siempre pone a la manada por encima de todo, así que al ver que soy mejor Luna, la abandonará por mí.
Ambas rieron.
—Vayamos a la fiesta —la instó Olivia—. Los invitados esperan ver a la estrella de la noche.
Las mejillas de Lila se sonrojaron y la emoción la inundó, aunque la mantuvo oculta mientras se dirigía a la puerta que conducía al salón de fiestas. Sus hermanos ya estaban allí, sin creer que ella no fuese realmente su hermana.
Al doblar la esquina, se detuvo al ver una cara familiar.
Daisy Baldwin servía bebidas con una bandeja, vestida solo con un collar, causando que a Lila se le encogiera el pecho por un instante. Daisy no parecía la misma de antes; estaba más delgada, tenía el cabello despeinado y el maquillaje corrido. Además, estaba completamente desnuda.
Claro que la desnudez no era importante en la comunidad de hombres lobo, pero en ese contexto, era muy extraño. Noah se encontraba a lo lejos con su bebida en la mano y abrazando a una hermosa pelirroja.
Lila sabía que a Daisy la estaba matando verlo con otra mujer. No obstante, apartando ese pensamiento de su mente, se volvió hacia su futura manada y se le iluminó la cara con una sonrisa.
Era la hora del espectáculo.
—Nunca —sonreí—. Perdona por sacarte del restaurante otra vez.
—No hay problema; acabo de contratar un nuevo empleado para que cierre, así que no necesito estar allí esta noche, y Chester está pendiente por si pasa algo. Además, me alegra que tus padres hayan podido cuidar de Emalyn con tan poca antelación..
—Sabes que adoran a esa niñita —le dije riendo—. La consideran su nieta, recuerda que tú prácticamente eras una de sus hijas.
Nan se sonrojó.
Un golpe en la puerta nos hizo fijar la atención en el umbral, donde mi madre se encontraba frente a nosotras. Nos miraba fijamente con una sonrisa vacilante.
—Están preciosas —dijo mi madre con lágrimas en los ojos—. Perdón, es que estoy un poco sensible. Nan, ¿te importa si hablo a solas con Judy antes de que se vayan?
—Claro —dijo Nan, volviéndose—. Te veo abajo.
Asentí mientras ella se daba la vuelta y se iba, dejándome sola con mi mamá. No había tenido la oportunidad de hablar con ella después de nuestra discusión de anoche, y todavía me sentía culpable por cómo reaccioné. Sabía que mis padres me querían; eso siempre había estado fuera de cuestión. Debí haberles dado el beneficio de la duda porque no habrían hecho nada que pudiera hacerme daño... al menos no a propósito.

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