Noelia salió de la cafetería con las piernas temblándole.
Durante esos seis años, el nombre de Marcos había permanecido guardado en lo más profundo de su corazón, pero como la separación de entonces había sido demasiado dolorosa, nunca se imaginó que volverían a encontrarse.
Ese día, cuando lo vio de repente, su mente quedó en blanco.
Sonó el teléfono y escuchó la voz dulce de su hija Cecilia, lo que logró calmarla un poco.
—Mamá, ¿cuándo vuelves?
—Cariño, ya voy de regreso.
Noelia volvió a Altavista Residencial, el departamento de su mejor amiga Alicia Rivas.
La noche anterior, después de que Pablo golpeó a Noelia, desapareció sin dejar rastro. Ni siquiera la policía logró contactarlo.
Noelia tenía miedo de que regresara para hacerles daño a ella y a Cecilia, así que a media noche huyó de la casa de Pablo con su hija y se refugió en casa de Alicia.
Después de la quiebra de su familia, los viejos amigos de Noelia se alejaron uno después del otro. Solo Alicia seguía siendo la misma de siempre: bastaba una llamada para que le diera la mano.
Apenas se abrió la puerta, Cecilia corrió hacia ella y la abrazó.
—¡Mamá!
—Cariño.
Noelia se agachó, a punto de besar la frente de su hija, pero cuando vio esa cara que se parecía tanto a la de Marcos, se quedó quieta.
Cuando Cecilia era pequeña, todos a su alrededor la halagaban por lo bonita que era. Decían que había heredado la belleza de Noelia, y ella siempre creyó que su hija se parecía a ella… hasta hoy, cuando se reencontró con Marcos y se dio cuenta, de repente, de que Cecilia cada vez se parecía más a él.
—Mamá, ¿qué te pasa?
—Nada —Noelia disimuló lo que sentía—. ¿Te portaste bien en casa de Alicia?
—Cecilia se portó muy bien, hace un rato hasta me ayudó a regar las plantas —dijo Alicia saliendo del baño—. ¿Y qué tal, Noelia? ¿Qué dijo el abogado?
Noelia miró el reportaje y solo entonces entendió que ese muchacho pobre de antes se había convertido en un abogado muy importante y famoso. Con razón cada cosa que hacía mostraba esa elegancia que da el dinero. De verdad, todo había cambiado.
—Noelia, ¿será que todavía no te ha olvidado?
—Imposible. Solo vino a verme hacer el ridículo.
—Vamos, con la posición y el estatus que tiene ahora Marcos, ¡su tiempo vale oro! Si no sintiera algo por ti, ¿crees que se tomaría la molestia de venir solo para verte fracasar?
—Yo ya me casé y tuve una hija. Con su estatus actual, ¿qué mujer no podría tener? ¿Cómo iba a seguir aferrado al pasado conmigo?
—Noelia, en realidad siempre quise preguntarte algo. ¿Qué fue lo que pasó ese año? Te gustaba tanto Marcos, lo perseguiste durante tanto tiempo hasta conquistarlo… ¿cómo es que de repente lo dejaste y fuiste a casarte con Pablo, ese imbécil?
Noelia se quedó callada. Eso había pasado hacía mucho tiempo, y regresar al pasado ya no tenía sentido.
—Olvídalo, no hablemos de eso —dijo Alicia, cuando vio que ella no quería seguir—. Mejor dime, ¿qué piensas hacer ahora?
—Buscar otro abogado. Pase lo que pase, primero tengo que divorciarme.

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