Noelia no podía dormir.
Ya llevaba demasiadas preocupaciones acumuladas, y la aparición de Marcos hizo que no encontrara paz. Hacia las tres o cuatro de la madrugada logró dormirse un rato, pero pronto el despertador volvió a sacarla del sueño.
Noelia apagó la alarma y entró al baño para asearse y maquillarse, cubriendo con cuidado las heridas de la cara. Cuando terminó de arreglarse, fue a despertar a su hija, Cecilia.
—Mamá, ¿por qué estos días llevas siempre gorra y gafas de sol? —preguntó Cecilia, curiosa.
—Porque me hice un tratamiento en la piel. El médico dijo que necesito cubrirme bien la cara para que se recupere más rápido.
La noche en que Pablo la golpeó, Cecilia ya estaba dormida, así que no vio nada.
Noelia se sintió aliviada de que la niña no lo hubiera presenciado; si pudiera elegir, desearía que su hija jamás tuviera que vivir una experiencia tan traumática.
—Mamá, ya eres muy bonita. No hace falta que te hagas tratamientos —Cecilia la abrazó por el cuello—. Para mí, eres la mamá más hermosa del mundo.
A Noelia se le llenó el corazón de ternura.
Desde pequeña, Cecilia había sido obediente y considerada. Su nacimiento sanó el corazón destrozado que Noelia tenía en ese entonces; su hija era la redención que el cielo le concedió después de empujarla cruelmente hacia la desesperación.
—Gracias por el cumplido, cariño. Para mí, tú eres la niña más hermosa. Vamos a levantarnos y a prepararnos para ir al jardín, ¿sí?
—Sí.
Noelia besó a su hija y la llevó a cambiarse y a bañarse.
Después del desayuno, madre e hija charlaron mientras esperaban el ascensor en el pasillo. Cuando las puertas se abrieron, Noelia quedó paralizada: Marcos estaba adentro.
Llevaba un traje gris oscuro de corte impecable. El cuello blanco y ajustado de la camisa realzaba su definida mandíbula; bastaba con que estuviera parado ahí para que transmitiera una sensación de poder y calma.
Nerviosa, Noelia le apretó los hombros a Cecilia.
¿Por qué Marcos estaba ahí? ¿Acaso vivía también en ese edificio?
No, no debería. Aunque ese conjunto residencial fue en su momento una zona de nivel medio-alto, ya tenía algunos años y las instalaciones se veían algo viejas. Con la posición y el estatus actuales de Marcos, sin duda podría vivir en un lugar mucho mejor.
Los ojos de ambos se encontraron.
Marcos le echó un solo vistazo a Noelia y miró a otro lado enseguida, sin detenerse.
—Mamá, ¿entramos? —Cecilia alzó la cabeza para mirarla.
—Em... sí, entramos.
Noelia tomó a Cecilia de la mano y entró al ascensor. Aunque la cabina era amplia, empujó a propósito a Cecilia hacia el rincón más alejado de Marcos y usó su propio cuerpo para cubrirle la cara.



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