—¡Nicolás! —Mariana lo tomó del brazo—. ¡No te puedes ir!
Nicolás la miró confundido.
—¿Por qué no?
—Tu papá todavía no sabe nada.
—¡Pues entonces se lo diré! ¡Que él vaya y le pregunte a mamá Valeria!
Nicolás gruño molesto y agregó:
—Papá siempre dice que yo soy su único hijo y que nunca tendrá otro. Si se entera de que mamá Valeria va a tener un bebé, ¡seguro le va a decir que no lo tenga!
Por un momento, se vio la preocupación en los ojos de Mariana, pero al observar al pequeño Nicolás, logró calmarse.
—Nicolás, tranquilízate. —Mariana lo atrajo hacia ella y lo abrazó—. Estoy muy enferma y no sé cuánto tiempo me queda contigo. Si llegara a faltarte, me angustia pensar... ¿qué va a ser de ti?
La voz de Mariana se quebró mientras hablaba. Sus palabras aterrorizaron al pequeño Nicolás.
—Mamá, no hables así. Papá va a ganar mucho dinero y te va a conseguir a los mejores médicos para que te cures...
—Ya lo sé, mi amor, pero me siento muy agotada.
Mariana cerró los ojos y las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.
—Nicolás, ya no sé cómo seguir, pero no puedo quedarme tranquila pensando en ti. Si tu papá y tu mamá Valeria llegan a tener un bebé, ya no te van a querer como te quieren ahora.
—Eso no va a pasar... —Nicolás movió la cabeza y murmuró—: Papá me quiere muchísimo, no va a dejar de amarme por tener otro bebé. Mamá, no te angusties por eso.
Nicolás se compadeció de Mariana, se volteó y la rodeó con sus bracitos.
—Mamá, no llores, no te preocupes por mí. Mamá Valeria es una buena persona, solo está molesta ahorita. Cuando se le quite el coraje, me va a querer como antes, papá también me lo ha dicho.


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