A las cinco de la tarde, el Land Rover se estacionó bajo el edificio del estudio.
Valeria y Rafael bajaron con rapidez del vehículo. Habían pasado toda la tarde recorriendo el mercado de materias primas hasta conseguir todos los materiales que necesitaban.
Rafael abrió la parte trasera del auto. Como había muchas cosas, Valeria quiso ayudar a cargar algo, pero Rafael la rechazó de inmediato.
—Tranquila, no te metas, prefiero hacer otro viaje yo solo.
—Tampoco pesa tanto, no hace falta complicarse.
—Me parece que lo que quieres es complicarme la vida a mí. —Rafael le quitó las manos a Valeria cuando intentó agarrar algo—. Mi ahijada está en tu barriga, ¡así que ponte las pilas!
Valeria le dirigió una mirada de resignación.
—Te estás pasando.
—¡La que no se da cuenta de que está embarazada eres tú! —Rafael cargó parte de los materiales, cerró cuidadoso la cajuela y le señaló con la barbilla—. Vámonos.
Valeria ya no pudo hacer nada y lo dejó actuar a su manera.
***
De regreso en el estudio, Rafael llevó todo al taller de restauración y bajó corriendo otra vez. Valeria volvió a su oficina, acababa de colgar su bolso y chaqueta en el perchero cuando Luciana llegó a tocar la puerta.
—Pase.
Luciana empujó la puerta.
—Valeria, vino el señor Rodríguez.
Al oír eso, se quedó inmóvil y después se volteó.
Santiago entró. El hombre llevaba un traje negro, era alto e imponente, con facciones severas, y observaba a Valeria con una mirada escrutadora.
Esa forma de mirar era igual a la de alguien interrogando a un delincuente.
Luciana notó enseguida que el ambiente estaba tenso y se escabulló.
Valeria se mantuvo inexpresiva.
—Señor Rodríguez, esta no es hora apropiada para venir. La alcaldía ya cerró.
Santiago la observó con rabia.
—Valeria, ¿fuiste tú quien publicó esa información?



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás