Todo se quedó en completo silencio. Joana se volteó lentamente.
Cuando sus ojos se encontraron, el corazón de Valeria se le hundió.
Joana la miró fijamente, con sus ojos hinchados y rojos de tanto llorar llenos de incredulidad.
—Es imposible... —Joana movió la cabeza de un lado a otro, se rio con amargura, después se dio vuelta para mirar a Lucas y le preguntó con el ceño fruncido—: ¿Por qué fue por Valeria?
—Porque no la aguanto —Lucas siguió sonriendo—. No quiero ver que Valeria esté bien, así que a cualquiera que se le acerque, a cualquiera que le importe, ¡no voy a dejar pasar a ninguno!
—¿Nada más por eso? —Joana se rio mientras las lágrimas le corrían por toda la cara—. ¡Lucas Ortega! ¡Te voy a matar! ¡Ahhhhh!
Joana gritó y se aventó contra Lucas, pero los policías la agarraron justo a tiempo.
Lucas vio a Joana deshaciéndose y se echó para atrás riéndose a carcajadas.
Al final Joana no pudo con la impresión y se desmayó de nuevo.
Esteban y la gente de la comisaría se apuraron para llevarla al hospital.
Antes de que los oficiales se llevaran a Lucas a su celda, él miró a Valeria con cara siniestra y sonrisa malvada, después con las manos esposadas le hizo a Valeria la seña de cortarse la garganta.
Rafael apretó tanto los puños que quiso aventársele encima, pero Valeria lo paró a tiempo.
Al salir de la comisaría, Rafael dijo enojado:
—¡Ese Lucas es un verdadero demonio!
Valeria no le respondió.
Rafael se paró y cuando volteó se dio cuenta de que ella iba con la cabeza agachada, muy metida en sus pensamientos.
Él suspiró.
—Es obvio que él dijo esas cosas para lastimar, no te las tomes en serio.
Valeria lo miró y negó con la cabeza.
—Solo estoy pensando que hay algo raro en todo esto.
—¿A qué te refieres?
—Lucas y yo casi no nos conocemos, que me odie tanto no tiene sentido —analizó Valeria—. Además, él es el hermanastro de Mariana.

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