Valeria no podía creerlo. Miraba asombrada a Nicolás.
Hasta el día de hoy, jamás se habría imaginado que el niño que había criado con todo su corazón la acusaría con tanta furia.
Había pasado apenas un mes... ¿Cómo había cambiado tanto?
—¡Te odio con el alma! ¡Ya no quiero que seas mi mamá!
Después de gritar esto, Nicolás se dio la vuelta para salir corriendo.
—¡Nicolás!
Santiago lo detuvo con fuerza agarrándolo del brazo.
La transportadora se cayó de las manos de Nicolás. El gatito ragdoll dentro chilló asustado y se erizó por completo.
—¡Papá! —Nicolás se lanzó a abrazar a Santiago y empezó a llorar a todo pulmón—. ¡Mamá ya no me quiere! ¡Buaa, papá, odio a mamá! ¡Ya no me quiere!
Santiago se agachó para tratar de cargar a Nicolás y levantó la vista hacia Valeria.
La cara del hombre estaba sombría, sus ojos oscuros llenos de reproche.
—Valeria, Nicolás acaba de salir del hospital y lo primero que pensó fue comprarte un regalo para alegrarte un poco. Es un gesto de cariño de tu hijo. Si no lo aprecias, está bien, pero ¿por qué desquitarte con él?
Valeria no podía respirar muy bien. Sentía como si un fuego ardiera en su pecho, quemándole el corazón.
Estaba ahí parada, su delgado cuerpo temblando sin cesar.
Era rabia, odio, pero sobre todo una profunda indignación.
¿Por qué?

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