Santiago se fue con Nicolás, llevándose también el gato Ragdoll que Mariana insistía que a Valeria le encantaría.
En cuanto se fueron, Valeria, que se había estado conteniendo a duras penas, se desplomó.
Rafael la alcanzó a sujetar antes de que cayera y la llevó en brazos hasta el sofá de la oficina.
Apoyada en el sofá, Valeria se presionaba el pecho con la mano. Su respiración aún seguía agitada y estaba pálida como el papel.
Estaba demasiado alterada por la intensidad de sus emociones.
Rafael le cubrió la boca y, con calma, la guio:
—Estás algo agitada. Cierra la boca y sigue mi ritmo. Uno, dos... inspira. Eso es, así. Uno, dos... inspira...
Con la ayuda de Rafael, la respiración de Valeria volvió a la normalidad.
Rafael le sirvió un vaso de agua tibia y se lo acercó a los labios.
—Bebe un poco de agua.
Recostada en el sofá, bebió medio vaso de agua y su cuerpo inquieto comenzó a tranquilizarse poco a poco.
Rafael tomó un cojín y lo colocó detrás de su espalda.
—Así estarás más cómoda.
Valeria lo miró y una repentina sonrisa se dibujó en sus pálidos labios. Con un tono sincero, dijo:
—Muchas gracias.
En los últimos días, se había dado cuenta de que, aunque Rafael tenía una lengua afilada, en el fondo era una buena persona. Además, a pesar de no ser mucho mayor, era muy bueno cuidando de los demás.
—¿Qué es esto? —preguntó Rafael sorprendido al recoger un papel del suelo—. ¿Un informe de embarazo? ¿De quién es...?
A Valeria le dio un vuelco el corazón y, tratando de incorporarse, intentó arrebatárselo.
—¡Espera! —Rafael esquivó su mano, se puso de pie y leyó el contenido con atención.
Unos segundos después, la miró con una expresión sombría.
—¿Estás embarazada?
Valeria lo miró, asombrada.
—No se lo digas a nadie.
—¡Pero si te estás divorciando de Santiago! —exclamó Rafael, mirándola—. ¿Piensas ser madre soltera?
—Mañana mismo tengo la cirugía.
Rafael quedó petrificado.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás