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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1814

El tiempo pasaba despacio, cada segundo se sentía eterno.

Aspen no soltaba el cigarro, lo encendía uno tras otro mientras la brasa iluminaba sus pensamientos. Sin querer, su mente regresó a todos esos años compartidos con Abel y Gael, a los momentos grandes y pequeños que habían vivido juntos.

Gael, desde niño, nunca fue de hablar mucho. Si podía decirlo con una mirada, ni se molestaba en abrir la boca. Hablaba tan poco que a veces Aspen y Abel llegaban a pensar que Gael era mudo de verdad. Abel incluso solía buscar cualquier pretexto para sacarle aunque sea dos palabras, como si temiera que, de tanto estar callado, Gael se fuera a olvidar de cómo se hablaba.

En serio, Gael era un tipo callado. No le gustaba hablar, ni reír, ni llorar. Siempre andaba con la cara seria, frío y distante, como si nada le tocara el corazón. Solo de niño, alguna vez, Aspen lo había visto llorar dormido, tal vez por alguna pesadilla, pero despierto, jamás.

La verdad, Aspen sentía que él y Gael eran parecidos, mucho más que con Abel. Los tres crecieron juntos, aprendieron a pelear a escondidas cuando eran niños y, ya de grandes, se metieron juntos al entrenamiento más duro que pudieron encontrar. No importaba lo difícil que fuera, Aspen y Gael nunca se rendían. Mientras no cayeran muertos, seguían entrenando, apretando los dientes, resistiendo.

Abel era distinto. En cuanto podía, se tiraba a descansar. Si había manera de escaquearse, lo hacía sin remordimientos. Era el más débil del grupo, pero también el de mejor genio, siempre con una sonrisa y el corazón blando. Si Aspen y Gael eran fríos y directos, Abel era todo lo contrario: dudaba, se preocupaba por los demás y le costaba tomar decisiones duras.

Con eso, Gael fue a comprar una torta de chicharrón y unos bollos de pan. La torta se la dio a Abel, él se quedó con los bollos duros y secos. En esa época, para un niño de la calle, una torta grasosa era un lujo de otro mundo. Gael prefería comer pan duro y dejarle lo mejor a Abel...

Después de ver eso, Aspen se interesó aún más por Gael. Los días siguientes, lo siguió observando. Aunque Gael era fuerte y valiente, todavía era un niño. A veces, igual que Abel, terminaba siendo víctima de abusos y pasaba hambre. Cuando ya no aguantaban el hambre, hasta se atrevían a robarle la comida a los perros.

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