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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1820

Gael lo vio y de inmediato sintió cómo la respiración se le aceleraba, el pecho se le agitaba como si no pudiera contener toda la rabia que llevaba dentro.

Apretó los dientes y clavó la mirada en Gustavo, con unos ojos llenos de odio, como si delante tuviera al enemigo de toda su vida.

Pero Gustavo ni se inmutó, es más, hasta habló con una voz suave, casi paternal:

—¿Todavía tienes ganas de seguir viviendo?

Mono Rojo se quedó de piedra, sin poder entenderlo.

Gael seguía fulminándolo con la mirada, sin decir una sola palabra.

Gustavo insistió:

—Eres muy joven, sería una lástima que te mueras así. Dime quiénes son tus compañeros y te dejo ir.

Gael frunció el ceño con fuerza. Mono Rojo intervino, confundido:

—¿Que tiene cómplices?

Gustavo giró la cabeza hacia él y le soltó una mirada dura como el acero:

—¿De verdad crees que fue él solo el que rescató a todos esos niños? Y aunque pudiera, ¿cómo los iba a sacar solo? ¡Piensa, hombre! ¡No seas bruto!

Mono Rojo sintió el frío de la mirada de Gustavo y tragó saliva, intimidado.

—Tiene razón, don Gustavo... No lo pensé bien.

Gustavo le lanzó una mirada de desprecio y volvió a enfocarse en Gael:

—Mira, no tengo que seguir buscándole a esos chamacos. Y puedo dejarte ir. Sólo dime quiénes son tus cómplices y aquí se acaba todo.

Gustavo era astuto. Para ellos, perder un grupo de niños era una pérdida grande, sí, pero nada que no pudiera arreglarse. Allá afuera había muchos más. Pero tener infiltrados dentro, eso sí era peligroso. Si no lo resolvía, ni dormir iba a poder.

Por eso había venido hoy, para cazar a esos infiltrados.

Gael, de repente, soltó una carcajada seca.

—¿Tanto quieres saber? Pues ni muerto te lo digo.

Gustavo frunció el entrecejo. Gael continuó:

—Oscuro, vas a pagar por todo lo que has hecho. Dios está mirando, y tarde o temprano te va a castigar. Puede que yo no pueda matarte, pero alguien lo hará, ya lo verás. Y yo, desde donde esté, también lo voy a ver.

—¡Vas a morir como te lo mereces, Oscuro! ¡Ya lo verás!

¿Oscuro?

Mono Rojo se quedó helado y, sin pensarlo, miró a Gustavo.

Oscuro era el nombre que Gustavo usaba antes de llegar a Cabra, una etapa oscura que pocos conocían. ¿Cómo lo sabía Gael?

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