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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1838

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Cuando ambos subieron corriendo las escaleras, Tania y los demás estaban pegados al vidrio, mirando hacia adentro con ansiedad.

En la sala de cuidados intensivos, Carol y Nathan estaban en plena emergencia, tratando de salvar a Gael.

Aspen no se atrevió a entrar sin permiso. Con el ceño fruncido, preguntó:

—¿Qué le pasó a Gael?—

Rafael se giró hacia ellos, visiblemente emocionado.

—¡Se movió! ¡Tuvo alguna reacción!—

Aunque no le agradaba la idea de que su hija estuviera con Gael, en el fondo deseaba con todas sus fuerzas que él se salvara.

Aspen y Abel se quedaron de una pieza.

—¿Qué tipo de reacción?— preguntó Abel, sin atreverse a ilusionarse demasiado.

Rafael, casi sin poder contenerse, explicó:

—¡Le movió un dedo! Eso es buena señal. Creo que va a sobrevivir.—

¿Sobrevivir?

Aspen y Abel se quedaron sin aliento, temiendo que todo fuera una falsa esperanza. Miraron hacia la habitación con nerviosismo, casi sin parpadear.

No supieron cuánto tiempo pasó, pero finalmente Carol y Nathan salieron.

Aspen fue de inmediato hacia Carol, buscándole la mirada, buscando respuestas.

Carol, todavía temblando de la emoción, sonrió con lágrimas en los ojos.

—¡Aspen, de verdad pasó un milagro, Gael resistió!—

El corazón de Aspen latía como loco.

—¿De verdad? ¿Está vivo?—

Carol asintió.

—Sí, sobrevivió.—

Aspen respiró agitadamente, sin poder creerlo del todo.

—¿Ya no corre peligro de muerte?—

Carol negó con la cabeza, sonriendo entre lágrimas.

—No, ya no. Se salvó.—

Gael tenía que vivir, aunque fuera solo para poder ver con sus propios ojos el final de Gustavo, aunque él mismo no pudiera vengarse, aunque solo pudiera ser testigo en nombre de la familia.

Después de un largo rato, Aspen por fin preguntó:

—¿Cuándo va a despertar?—

Carol respondió:

—No lo sabemos con certeza. Ya no corre peligro, pero está muy grave. Si tiene suerte, podría despertar en dos o tres días. Si no, quizá en una o dos semanas.—

Tania, tan emocionada que no podía estarse quieta, quiso entrar a ver a Gael, pero Aspen la detuvo.

Les pidió a Carol, Tania, Rafael y Beatriz que regresaran al hotel a descansar, diciendo que Gael necesitaba tranquilidad para recuperarse.

Todos estaban agotados después de tantos días. A Aspen le dolía ver especialmente cansada a Carol.

Él mismo no estaba bien y no había podido cuidarla como debía.

Ahora que Gael había superado el peligro, por fin podían descansar un poco.

Cuando logró convencerlos de irse, Aspen y Abel entraron juntos a la sala de cuidados intensivos.

Gael yacía tranquilo en la cama, su rostro pálido, casi sin color.

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