Entrar Via

¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1842

Para ser exactos, lo que rondaba la cabeza del Mono Rojo era el antídoto que Aspen tenía en sus manos.

Aquel día en que Aspen lo dejó tirado en la casa de Bomak, simplemente se subió a su carro y se fue, sin mencionar nada del antídoto.

En ese momento, el Mono estaba tan mal, con el cuerpo retorciéndose del dolor, que hasta se le olvidó el tema.

Después, cuando por fin se acordó, casi se muere del susto.

Fue a ver varios doctores del pueblo, pero ninguno supo decirle qué clase de veneno tenía ni qué tan grave podía ser la cosa.

Todos le dijeron lo mismo: lo mejor era encontrar cuanto antes el antídoto.

En cuanto supo quién era Aspen, empezó a buscar la manera de contactarlo, moviendo cielo y tierra.

En los últimos días, no podía pensar en otra cosa que en Aspen y esa medicina.

La desesperación del Mono Rojo era directamente proporcional a la calma de Aspen.

—Te puedo dar el antídoto, pero tienes que vigilar a Gustavo para mí. Necesito saber dónde se esconde—, le soltó Aspen, sin rodeos.

La razón por la que no lo había matado antes era precisamente para tenerlo de comodín.

Ahora que Gael ya estaba expuesto y su gente había tenido que replegarse, Aspen necesitaba un nuevo informante.

—Don Gustavo anda ocupado arreglando el desastre, ni siquiera se ha escondido. Si lo quieres encontrar, va a ser fácil—, contestó el Mono Rojo, y de pronto, como cayendo en cuenta de algo, abrió los ojos de par en par y preguntó:

—¿Todavía lo quieren atrapar?

Aspen no respondió. El Mono Rojo insistió:

—Mira, sé que tienes dinero, pero ¿cómo piensas enfrentarte a don Gustavo siendo un empresario decente? ¡Después de todo lo que le hiciste, ese hombre te odia! Si no te ha buscado es porque está ocupado, pero el día que resuelva sus problemas, seguro que vendrá por ti. ¿No piensas esconderte? ¿De verdad vas a ir a buscarlo? ¿Qué, te crees invencible o qué? ¿De dónde sacas tanto valor?

Aspen ni se inmutó.

—Si aceptas, te doy el antídoto. Si no, no solo no te lo doy, sino que le cuento a Gustavo que lo traicionaste. Así de simple: si Gustavo no cae, el que muere eres tú. Elige.

El Mono Rojo se quedó callado.

¿Pues qué opción tenía? Primero uno, después los demás. Nadie se va a sacrificar por otro.

Sin alternativa, acabó aceptando.

Apenas colgó, uno de sus hombres de confianza llegó corriendo, sudando frío.

—¡Jefe, tenemos un problemón!

El Mono Rojo, fastidiado, preguntó:

—¿Y ahora qué pasó?

—Don Bomak ordenó que todos estén listos para la guerra. Se viene una pelea peor que las anteriores.

El Mono Rojo se sorprendió.

—¿Otra vez? ¿Con quién?

—Dicen que con la policía de Puerto Rafe.

El Mono Rojo frunció el ceño.

—¿Otra vez los de narcóticos?

El hombre negó con la cabeza.

—No solo ellos, también hay militares. Se rumora que viene muchísima gente, algo nunca visto.

El Mono Rojo se quedó boquiabierto.

—¿Van tras don Gustavo?

Esta vez el hombre ni asintió ni negó.

—Eso se dice. Ayer don Gustavo provocó a los de narcóticos y los hizo enojar de verdad. Pero ahora no solo lo buscan a él, sino a otros prófugos también.

El Mono Rojo frunció el ceño.

—¿Y el gobierno de aquí no va a hacer nada?

—Los otros ya se pusieron serios. El ejército está presionando, usando unos ejercicios militares como pretexto, así que nuestro gobierno ni quiere ni se atreve a meterse demasiado.

El Mono Rojo abrió los ojos, alarmado.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo