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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1850

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¿Estaba alucinando?

Tania no podía creer lo que veía. Se quedó mirando a Gael durante un buen rato, incrédula, luego se cubrió los ojos con la mano y, de repente, se la quitó de golpe, igual que hace un niño cuando quiere espantar a alguien.

Gael: ...

Al ver que Gael seguía con los ojos abiertos, Tania respiró hondo, aguantándose las lágrimas, y volvió a cubrirse los ojos como si eso pudiera cambiar la realidad.

Repitió el gesto varias veces, hasta que por fin se convenció de que Gael realmente había despertado.

Los ojos se le pusieron rojos y las lágrimas empezaron a brotarle sin control. Se lanzó sobre él, emocionada:

—¡Gael, ¿cuándo despertaste?! ¿Por qué no dijiste nada? ¡Estaba justo afuera! ¿Te sientes mal en algún lado? Voy a llamar al doctor, sí, al doctor...

Tania temblaba de pies a cabeza, tan emocionada que apenas podía hablar con coherencia.

Sin preocuparse por limpiarse las lágrimas, gritó hacia la puerta:

—¡Carol! ¡Dr. Nathan! ¡Gael despertó! ¡Vengan rápido!

Nathan acababa de salir, pero Carol escuchó el grito y corrió al cuarto.

Al ver que Gael realmente había despertado, Carol no pudo evitar la alegría y enseguida empezó a revisarlo.

Mientras le hacía el chequeo, preguntó:

—¿Hace cuánto despertaste?

Gael llevaba un rato despierto. Desde el primer momento, había escuchado la voz de Tania.

Había alcanzado a oírle decir cosas como:

"Ya sé que me quieren y entiendo cómo se sienten. Pero si lo que quieren es que me aleje de Gael, eso no va a pasar."

"Yo quiero a Gael y no quiero alejarme de él..."

"Papá, en esto de Gael tienes que ayudarme. Siempre andas diciendo que soy tu princesa, tu niña consentida, bueno, ahora tu princesita necesita tu ayuda. ¿Me vas a ayudar o no?"

"Haz que mi mamá acepte a Gael, y que lo acepte feliz, sin dramas."

Escuchó todo lo que Tania decía sobre lo mucho que le gustaba, y también cómo trataba de convencer a Rafael.

Gael la miró de reojo y mintió:

—Acabo de despertar.

Apenas escuchó su voz, Tania no pudo aguantarse y rompió a llorar otra vez.

Gael la miró de nuevo, frunciendo el ceño, con una expresión difícil de descifrar.

Carol intervino:

—Estás en el hospital, en Marlando, ya estás a salvo. ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? Dímelo, por favor.

Gael no ocultó nada y señaló algunas zonas donde sentía dolor.

Carol le pidió a Tania que se quedara con Gael mientras ella iba a la farmacia a buscar más medicinas.

Algunas de las medicinas que necesitaba se habían terminado en esa farmacia, así que tuvo que ir a otro edificio a recogerlas.

Apenas salió del hospital, escuchó a alguien gritar:

—¡Doctor, doctor! ¡Rápido, aquí hay una persona desmayada!

Varios familiares rodeaban a alguien tirado en el suelo; esa persona tenía sangre en el abdomen.

Carol corrió sin pensarlo, por suerte llevaba medicinas para detener hemorragias.

—¡Vayan por un doctor! ¡Yo me encargo de parar la sangre!— exclamó.

Le levantó la camiseta al hombre y vio dos cortes profundos en el abdomen. Alguien ya había tratado de atenderlo, pero las heridas se habían vuelto a abrir y sangraban sin parar.

Carol frunció el ceño y advirtió:

—Te voy a detener la sangre, va a doler un poco, aguanta.

Pero en ese momento, Carol se quedó completamente sorprendida.

El hombre herido la miraba con una sonrisa tranquila, entrecerrando los ojos, sin mostrar el menor rastro de dolor, como si fuera otro el que estuviera sangrando ahí.

Incluso parecía que la conocía, como si hubiera estado esperando que justo ella fuera a ayudarlo...

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