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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1859

Cerca del aeropuerto había abierto una nueva sucursal de "Primer Amor", y una fila enorme de gente esperaba afuera.

Dentro del local, las paredes estaban cubiertas con la palabra "CAROL", escrita en todos los estilos posibles. Era imposible no fijarse en eso.

Carol, intrigada, preguntó:

—¿Esta tienda es una sucursal de la que está en el centro?

Samira, abrazada de su brazo, asintió con una sonrisa:

—Sí, es de la misma tienda. ¡Son exagerados! En solo una semana abrieron siete sucursales y dicen que hay varias más en remodelación.

Carol abrió los ojos, sorprendida:

—¿Tantas tiendas en tan poco tiempo?

Samira respondió:

—Pues sí, les va de maravilla, y todas siempre están llenas.

Carol suspiró, asombrada:

—¡Y eso que los precios son altísimos! No entiendo cómo tanta gente va.

Samira se encogió de hombros:

—Mira, te juro que a mí tampoco me cae bien el dueño, pero hay que admitirlo: el pastel es muy bueno y el tipo tiene talento.

Luego bajó la voz, hablando con fastidio:

—Últimamente los de Hachada están de lo más locos, enfrentándose con nosotros de Puerto Rafe.

—Los de aquí y los de allá se la pasan peleando en redes, y últimamente nos caen muy mal los de Hachada.

—Pero fíjate en Timur, que es de Hachada, y ni siquiera lo boicotean. Al contrario, su negocio sigue creciendo.

—En medio de todo ese rollo, él sigue triunfando, y la gente lo sigue queriendo igual.

—Hay que admitirlo, Timur es un genio.

Carol asintió, reconociendo que sí, el tipo era impresionante. Pero al pensar en Timur, le vino una mueca de disgusto. Había algo en él que la hacía sentir incómoda, no podía evitarlo.

Después de esa pequeña reunión en el aeropuerto con su amiga, ya era tarde y las dos se despidieron.

Orion llevó a Samira de regreso a casa de los Suero, y Aspen se fue con Carol rumbo al Jardín Número Uno.

Apenas llegaron, los niños salieron corriendo, brincando de alegría:

—¡Papi! ¡Mami!

Carol, al ver a los pequeños tan emocionados, bajó rápido del coche. Abrió los brazos y corrió a abrazarlos, queriendo apretarlos a todos contra su pecho.

Mirando sus caritas inocentes, sentía que no podía quererlos más. Los besó, los acarició, y de pronto todo el cansancio desapareció.

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