Cora no le dio demasiadas vueltas al asunto. Se dio media vuelta y fue directo a la cocina, donde le preparó las arepas. Se sentó a su lado y compartió varias con él, acompañándolo mientras comía. Cuando terminaron, se levantó y se despidió con naturalidad.
Un rato después, Cora lo llamó de repente.
—Amor, ¿puedes venir un momento?
Timur acababa de terminar la última arepa. Al escucharla, se levantó y fue hacia la habitación.
Al entrar, se la encontró acostada de lado en su cama, usando una de sus camisas blancas. La prenda apenas le cubría la parte alta de las piernas, dejando ver un par de piernas largas y de piel clara completamente descubiertas.
Los dos primeros botones de la camisa estaban desabrochados, mostrando sus clavículas y un escote insinuante, pero sin exagerar. Era evidente que debajo de la camisa no llevaba nada.
Cora lo miró con el rostro sonrojado y una timidez encantadora. Sus intenciones eran claras.
Pero Timur, al verla, frunció un poco el ceño, molesto. No dijo nada; simplemente se dio la vuelta y salió de la habitación.
Cora se quedó sorprendida. Se bajó de la cama de inmediato y corrió tras él, abrazándolo por la espalda.
—¿Q-qué pasa? ¿No te gusto? —preguntó, con la voz temblorosa.
Timur respiró hondo, tratando de mantener la calma.
—No es eso. Solo creo que no es el momento... Yo quiero casarme contigo de verdad. Quiero esperarte hasta que estemos casados.
Cora le respondió con sinceridad:
—Yo también quiero estar contigo de verdad. Por eso hoy quise darte este regalo de Navidad… Yo, aún soy virgen.
Timur apenas iba a decir algo, cuando notó que la mano de Cora empezaba a deslizarse por su abdomen, bajando poco a poco hasta meterse por su cinturón.
Timur reaccionó rápido, tomándole la muñeca con firmeza para detenerla.
—¡Cora, por favor no hagas esto! Vístete y sal cuando estés lista. Yo te espero afuera.
Dicho esto, apartó la mano de Cora y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Cora lo miró alejarse, con los ojos llenos de lágrimas contenidas y el corazón apretado.
Sabía que no era una niña, que esas historias de "esperar hasta el matrimonio" no eran creíbles. ¿Qué hombre de verdad rechazaría a la mujer que ama, sobre todo en un momento así?
A menos, claro, que en realidad no la quisiera…

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