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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1892

Los que más alboroto armaban, sin duda, eran los internautas de Hachada y Puerto Rafe.

Desde el año nuevo, los usuarios de ambos países no dejaban de pelearse en línea, esperando que este gran concurso les diera la oportunidad de dejar en ridículo al otro bando.

Los de Hachada no solo alababan a su propio participante, sino que también buscaban cualquier pretexto para menospreciar al de Puerto Rafe.

—¡El participante número 1 es increíble! —comentaban—. Guapo, con manos largas y elegantes... Solo por esa pinta, seguro que su proyecto será el mejor.

—Nada que ver con el número 3 —decían riéndose—, con esa cara de pillo... Se nota que es de los que andan robando cultura ajena.

Por su parte, los de Puerto Rafe no se quedaban atrás, defendiendo a su representante y lanzando indirectas a Hachada:

—¿Hachada vino a hacernos reír o qué? ¿Acaso este concurso es de belleza? ¡Aquí lo que importa es el talento!

—Tranquilos, no se alteren —respondía otro—, para los de Hachada, si no es por la pinta, ni entienden de qué va el concurso. ¡Total, talento no tienen!

Los de Hachada respondían al instante:

—¿Talento? ¡Eso se demuestra con resultados! Si ganamos, ustedes quedan como los copiones.

A lo que los de Puerto Rafe replicaban:

—Ya veremos, a ver si no terminan quedando como los tramposos de siempre.

Durante todo el día que duró la competencia, ambos bandos se la pasaron peleando en las redes.

Pero conforme avanzaba la discusión, los de Puerto Rafe fueron quedándose cada vez más callados...

Mientras tanto, los de Hachada cada vez se sentían más orgullosos.

Y es que todos comenzaron a notar lo mismo: desde el inicio del concurso, el participante de Hachada trabajaba con orden y sin perder el ritmo.

En cambio, el representante de Puerto Rafe, después de pasarse un día entero trabajando sin parar, de repente se atoró y ya no pudo continuar.

Estuvo dándole vueltas al asunto durante mucho rato, y al final, ¡decidió volver a empezar desde cero!

Eso era como si, en una competencia, te retrasaras un día entero con respecto a los demás.

En este concurso no solo importaba la calidad del trabajo, también el tiempo. Los demás apenas si se daban tiempo para comer y descansar, aprovechando cada minuto.

¡Y él había desperdiciado veinticuatro horas como si nada!

Era como si estuvieras en un examen, con el tiempo justo, y de pronto perdieras un tercio de ese tiempo.

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