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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 1952

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María soltó una carcajada fría.

—¿Viviendo bien? Samira, ¿a quién crees que engañas? —

—Hasta yo, que estoy al otro lado del mundo, ya me enteré: el hijo que tuviste con Orion nació sin respirar. —

—Ahora mismo, ese pobre niño está conectado a mil máquinas, apenas si respira por sí mismo. ¡Prácticamente nació muerto! —

Samira sintió cómo el pecho se le apretaba, el aire se le iba y la mente se le quedaba en blanco. No le salió ni una palabra, solo el silencio absoluto.

Orion, aprovechando que Samira se había quedado pasmada, le arrebató el celular de las manos.

Apretando los dientes, le gritó a María:

—Entre tú y yo ya no hay nada pendiente, ¡pero esto no te lo voy a perdonar! María, más te vale estar preparada... —

Sin darle tiempo a responder, Orion cortó la llamada y enseguida trató de tranquilizar a Samira:

—No le hagas caso, Samira. Solo quiere hacerte daño, está inventando cosas, ella... —

Samira seguía ida, como si las palabras de Orion no atravesaran el aire. Pero de pronto, reaccionó y lo miró de golpe:

—¿Dónde está el bebé? —

Orion tragó saliva, nervioso. Pero antes de que pudiera contestar, Samira misma se respondió en voz baja:

—El bebé está arriba, sí, arriba... —

Murmurando, apartó las sábanas y trató de levantarse.

Un dolor agudo la hizo soltar un gemido seco y su cuerpo se quedó rígido.

Después del parto difícil y la hemorragia, tenía el cuerpo destrozado, apenas podía moverse sin que todo le doliera.

Pero aun así, Samira quería ir a ver a su hijo.

Apretó los dientes, ignorando el dolor, y se obligó a incorporarse.

Orion la sostuvo de inmediato:

—Samira, no puedes moverte así, por favor... —

Ella ya estaba a medio camino de sentarse, empapada de sudor por el esfuerzo y el sufrimiento. Con los ojos enrojecidos, entre jadeos, le preguntó:

—¿Cómo está realmente el bebé? Dímelo de verdad. —

—Lo sé, lo sé, de verdad que lo sé. Yo también estoy sufriendo, Samira. No solo es tu hijo, también es mío. Yo tampoco quería que esto pasara, yo también me siento destrozado... —

Ella lloraba más fuerte.

—¡Quiero ver a mi bebé! ¡Llévame con él! —

Orion negó con la cabeza, y Samira se descontroló aún más.

Comenzó a gritar desesperada:

—¡Déjame! ¡Quiero ver a mi hijo! ¡Déjame ir, por favor! ¡Déjame! —

El escándalo alertó al personal médico, y justo cuando un doctor estaba por entrar, Carol y Aspen aparecieron en la puerta.

Al oír los gritos de Samira, entraron corriendo, preocupados.

—¿Qué pasa? — preguntaron alarmados.

Al ver a Carol, Samira rompió en un llanto aún más desgarrador.

—Carol, llévame a ver a mi bebé, por favor. Nació antes de tiempo, seguro está sufriendo, seguro me necesita. Yo tengo que ir, tengo que estar con él. —

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