Los cuatro hermanos asintieron al mismo tiempo.
—¡Claro!— dijeron al unísono.
Miro se encargaba de vigilar las cámaras de seguridad, mientras que Ledo y Luca se ocupaban de mantener a Tesoro contenta.
Ledo le preguntó:
—Tesoro, ¿quieres llevarte al hermanito a la casa y criarlo junto con Ani, verdad?—
Tesoro asintió con la cabeza:
—Pero mami dice que el padrino Orion y la madrina Samira no lo quieren soltar.—
Ledo respondió:
—Déjalo en manos de tu hermano Ledo. Cuando el hermanito se ponga bien, me lo robo y te lo llevo a casa para que juegues con él unos días.—
A Tesoro se le iluminaron los ojos, llena de ilusión.
—¿De verdad? ¿Se puede?—
Ledo sacó pecho con orgullo:
—¡Pero claro! ¿No confías en mis habilidades?—
Tesoro empezó a sonreír emocionada:
—¡Sí confío en mi hermano Ledo! Es que el hermanito está bien feito, yo quiero arreglarlo para que se vea bonito.—
—Le voy a poner uno de los vestiditos de Ani, y le voy a pintar los labios con el labial de mami. Así seguro se ve mucho mejor.—
—Y también quiero dejarle el cabello largo y ponerle mis pinzitas de conejito.—
Luca, que escuchaba la conversación, se contagió del entusiasmo:
—¡Y yo le puedo hacer dos frascos de perfume especial para que huela rico!—
Tesoro asentía feliz:
—¡Sí, sí!—
Viendo tan contenta a su hermana, Ledo se animó más todavía:
—Entonces queda pactado. Apenas el hermanito esté sano, se lo robo y se los llevo.—
Tesoro brincaba de alegría, pero Luca, aunque emocionado, no pudo evitar preocuparse un poco:
—¿Y si mami se entera? ¿No te va a dar una tunda?—
Ledo hizo una mueca de desdén:
—¡Yo no le tengo miedo a los regaños de mami!—
Luca se sintió conmovido de inmediato. Hermano Ledo estaba dispuesto a *sacrificarse* solo para hacerlos felices.
Pero en el siguiente segundo, Ledo añadió:
—Total, abuela Lola siempre me defiende. Si mami quiere desquitarse, seguro termina regañando a abuelo y a papá.—

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