Aspen la abrazó con ternura y le preguntó en voz baja:
—Samira y Nano están bien, hoy no hace falta que vayamos al hospital.
—Mi papá mandó mensaje, que los niños van a dormir en su casa esta noche, así que no van a regresar. Hoy la casa es solo para nosotros dos, ¡por fin una noche de pareja!—
Carol estaba recostada sobre el pecho de Aspen, y antes de poder decir algo, fue su estómago el que habló primero con un gruñido.
Aspen se rió.—¿Tienes hambre? ¿Qué te preparo de cenar?—
La verdad, Carol sí tenía hambre.
—Quiero algo ligero, ¿qué tal una sopita?—
—¡Listo!—
Apenas Aspen terminó de hablar, el celular de Carol sonó. Era Tania.
Carol contestó.—¿Hola, Tania?—
La voz de Tania sonaba preocupada.
—Carol, ¿me podrías ayudar a preguntarle al señor Bello dónde está Gael? ¿Sabes algo de él?—
Carol miró inconscientemente a Aspen, quien al escuchar la conversación, contestó enseguida:
—Ya le pregunto.—
Llamó a Gael, pero no contestó. Le mandó mensajes y tampoco obtuvo respuesta. Al final, luego de hablar con el guardaespaldas, solo supo que Gael debía estar en un avión.
Pero ni idea de cuál vuelo ni a dónde iba, el guardaespaldas tampoco lo sabía.
Carol le contó todo eso a Tania y luego le preguntó:
—¿Gael no te avisó que se iba de Marlando?—
Tania respiró hondo, tratando de no quebrarse.—No.—
Carol guardó silencio.
—Bueno, Carol, solo dile al señor Bello que gracias. No quiero molestarlos más, estoy bien. Si ya se fue, entonces mejor me regreso a casa.—
Tania colgó de inmediato.
Carol frunció el ceño, preocupada.
Sabía que en ese momento, Tania debía estar llorando del otro lado.
Aspen, viendo la cara de Carol, refunfuñó sobre Gael:
—Cuando lo vea, le voy a pedir cuentas. ¡Vaya descaro! Tania viajó hoy solo para verlo y él se va sin avisar, así de simple.—
Carol estaba molesta.
—Lo peor es que ni siquiera le dijo nada. ¡Dejó a Tania sola en Marlando! ¿Y si le pasa algo? ¿Quién la cuida?—
Durante los siguientes días, Aspen tampoco logró contactar a Gael.
Sabía que Gael se estaba escondiendo a propósito, que necesitaba tiempo para estar solo.
Así que decidió no insistir, y esperar a que regresara para hablar con él.
...
Pasaron los días y, de pronto, llegó fin de mes: Nano cumplía su primer mes de nacido.
Aspen y Carol, con los niños, fueron al hospital a ver a Nano.
Tesoro insistió en que quería llevar a Ani con ella.
Aspen, curioso, preguntó:
—Tesoro, ¿para qué llevas a Ani?—
Tesoro, con sus enormes ojos brillantes, respondió:
—Para que conozca a su hermanito. Nano todavía no ha visto a su hermano mayor.—
Aspen miró al conejo angora, vestido con moños y flores en los brazos de Tesoro, y no pudo evitar preguntar, con la lengua hecha nudo:
—¿Él, Ani, es su hermano mayor?—

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