Laín usó la computadora de Miro para entrar a su propia cuenta.
Nombre de usuario: Patrón Número Uno de Carolita.
Tecleó rapidísimo, los dedos volando sobre el teclado.
No pasó mucho tiempo antes de que su cuenta parpadeara: había un nuevo mensaje.
Laín respondió enseguida con una línea de código.
Al cabo de unos diez minutos, el reloj inteligente de Laín sonó. Era una llamada de un número desconocido.
Laín contestó de inmediato, —¿Hola?—
Del otro lado se escuchó una voz vieja, ronca, —Laín.—
Los ojos de Laín se iluminaron, —¡cuarto bisabuelo!—
Los ojos de Miro también se llenaron de emoción; ese era el hacker que él más admiraba, ¡el gran hombre!
Aunque llevaba años "muerto", en el mundo de los hackers su leyenda seguía viva.
La voz del anciano sonó cariñosa, —Cuánto tiempo sin verte, Laín.—
A Laín se le humedecieron los ojos, la nariz se le apretó y aunque movió los labios, no le salió la voz.
Los ojos ya se le habían puesto rojos...
Él realmente no quería que su bisabuelo mayor ni su cuarto bisabuelo sufrieran ningún daño, pero de verdad había pensado que nunca volvería a verlos ni escuchar sus voces.
Habían pasado tanto tiempo sin saber de ellos que todos pensaban que...
Laín sollozó bajito, dejando que alguna lágrima se le escapara.
Su cuarto bisabuelo entendía cómo se sentía y trató de consolarlo:
—No te preocupes, al menos yo y tu bisabuelo mayor seguimos vivos.—
Laín se sonó fuerte la nariz, se limpió las lágrimas y dijo, —¡Con que estén vivos, me basta!—
La voz del cuarto bisabuelo sonó cálida, —¿Y ustedes, cómo están?—
—¡Bien! Todos estamos bien.—
Pero Laín no perdió tiempo y fue directo al grano:
—Cuarto bisabuelo, ¿por qué tú y bisabuelo mayor se arriesgaron a bajar de la sierra? ¿Cómo están ahora? El año pasado subimos dos veces y no los encontramos.—
El cuarto bisabuelo se sorprendió, —¿Subieron a la sierra?—
—Sí.—
—La idea era cortarles el acceso a la información, que no pudieran seguir investigando.—
—Pero nos tendieron una trampa. ¡El bisabuelo mayor cayó y lo capturaron!—
—He intentado de todo, pero no logro encontrar dónde lo tienen. Lo único que puedo hacer es atacarles la red de seguridad para presionarlos.—
Aspen escuchaba todo en silencio, muy serio.
Tal como Laín había analizado: los dos ancianos bajaron no por dinero, sino para proteger el secreto de la sierra.
Laín preguntó, —¿Hace cuánto lo capturaron?—
—Hace tres días.—
—¿Estás seguro de que sigue vivo?—
El cuarto bisabuelo contestó muy seguro:
—Sí. No lo van a matar tan fácil, ellos no quieren su vida, lo que buscan es el secreto que él conoce.—
Laín fue directo, —¿Qué secreto es ese?—
El cuarto bisabuelo suspiró de nuevo,
—No les he contado porque no quiero que carguen con esa preocupación. Ustedes ya han pasado por suficiente, mejor disfruten la vida y vivan tranquilos.—

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
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