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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2002

Carol seguía preocupada por el abuelo mayor, así que les dijo a Tania y Samira:

—Luego nos vemos, chicas. Yo me voy adelantando. ¿Me ayudan a cuidar a Tesoro? No se olviden de que tiene que hacer la tarea.

Samira y Tania asintieron con una sonrisa:

—No te preocupes, Carol, nos encargamos de ella.

Antes de irse, Carol le recordó a Tesoro:

—En casa de tu madrina, cada día tienes que hacer tres hojitas de tarea: una de sumas, una de restas y una de letras.

A Tesoro le encantaba quedarse, sobre todo porque podía jugar con Nano. Pero, apenas escuchó la palabra “tarea”, frunció los labios y bufó con voz bajita:

—No quiero hacerla...

Orion, curioso, preguntó:

—¿Entonces Tesoro se queda con nosotros?

Carol asintió, explicando:

—Últimamente he estado con mil cosas y no puedo atenderla, te encargo que la cuiden unos días.

Orion tragó saliva, algo nervioso. Si no fuera por las tareas, él encantado de cuidar a Tesoro todo el día. Pero en cuanto se trataba de estudiar, sentía que la cabeza le iba a explotar.

Rápido, trató de zafarse:

—No hay problema en cuidarla, pero lo de estudiar... ¡Tania es profesora! Que ella la ayude, ¿no?

Pensaba pasarle la bolita a Tania, pero ni bien terminó de hablar, Tesoro se le colgó de la pierna, mirándolo con ojos grandes y brillantes:

—Yo quiero que tú me enseñes, padrino.

Orion, como Aspen, no podía resistirse cuando Tesoro se le ponía tierna. Si lloraba, él la abrazaba y la consentía hasta que se calmara. Por eso, ella siempre se le pegaba.

Orion no sabía qué hacer, medio tartamudeando:

—Es que... yo no soy bueno enseñando, no soy profesional.

Pero Tesoro insistió, con una carita dulce:

—Tú eres el mejor, padrino. ¡Quiero que tú me ayudes!

En realidad, Tesoro no tenía ganas de hacer la tarea y si Orion le ayudaba, sabía que podía convencerlo de escribir por ella.

Orion suspiró, entre querer negarse y no tener corazón para hacerlo. ¡Si la rechazaba, se sentía fatal! Pero decir que sí era como ponerse la soga al cuello.

Por dentro pensaba: “Diosito, Tesoro le salvó la vida a Nano, ¡que Nano le pague el favor! ¡Yo prefiero que Tesoro le dé tres zapes al día a Nano antes de sentarme a estudiar con ella!”. Esos golpes Nano los aguantaba, pero si le tocaba a Orion enseñarle, seguro le daba un infarto.

—Padrino... —Tesoro ya tenía los ojos llenos de lágrimas, a punto de ponerse a llorar.

Orion, al verla así, no aguantó más. Se agachó y la alzó en brazos, resignado. Aunque no era su hija, no soportaba verla llorar.

—Bueno, está bien... —aceptó con un suspiro, apretando los dientes.

Tesoro de inmediato cambió las lágrimas por una sonrisa enorme:

—¡Gracias, padrino! ¡Eres el mejor!

Orion, aunque por dentro sufría, no pudo evitar sonreír de orgullo al escucharla.

Cuando fue a despedir a Aspen, le susurró en confidencia:

—Tú ya sabes lo burra que es Tesoro para la escuela, ¿verdad? Mira, una hora de estar con ella y siento que pierdo tres años de vida. ¡No estoy exagerando! De verdad, esto es un castigo. Cuando tu yerno te traiga regalos, ¡me tienes que dar la mitad!

Aspen solo lo miró con cara de “no inventes”:

—Primero sobrevive, luego hablamos.

Ya en el camino de regreso, Aspen le comentó a Carol:

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