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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2025

El cuarto abuelo solía reunirse con ellos al pie de la montaña y luego subían juntos. El bisabuelo menor los esperaba arriba, listo para recibirlos.

Para mantener la discreción, Aspen y Carol no los acompañaron personalmente. Se quedaron en la puerta de la casa, mirando a los dos niños alejarse. Carol no podía evitar sentirse un poco intranquila y triste.

Aspen trató de consolarla:

—No te preocupes, Cano y Ledo van con ellos, y además hay un montón de guardaespaldas. No les va a pasar nada.—

Carol soltó un suspiro y comentó con nostalgia:

—Ya sé que los hijos no pueden quedarse a nuestro lado para siempre, pero apenas tienen seis años, y ya empiezan a alejarse de mí.—

Solo era un verano, pero de cinco niños, ahora solo quedaban dos con ella.

Luca, tan pronto empezaron las vacaciones, se fue con Don Monroy a Lourdes. Y ahora Ledo y Miro también se marchaban a la montaña.

Solo le quedaban cerca Laín y Tesoro.

Aspen la animó con cariño:

—Los niños tienen que hacer su propio camino. Nosotros solo podemos acompañarlos en silencio, apoyarlos desde lejos. Año tras año crecen, y tarde o temprano dejarán de depender de nosotros y saldrán a buscar su propio destino.—

Carol sabía que tenía razón. Mientras más grandes los hijos, más lejos de los padres se van quedando.

De pequeños los ves a diario.

En preescolar y primaria, los ves por la mañana y por la noche.

Ya en la universidad, solo regresan en vacaciones.

Y cuando empiezan a trabajar, apenas los ves de vez en cuando.

Carol suspiró suavemente y quiso cambiar de tema:

—¿Hoy podemos ir a ver al abuelo mayor?—

—¡Claro! Vamos con Laín y Tesoro también.—

Entonces Carol sonrió, más animada.

—¡Perfecto!—

Los dos regresaron a la casa. Ni bien cruzaban la entrada, el teléfono de Carol sonó. Era Sebastián.

A Carol le sorprendió un poco.

—¿Bueno?—

Sebastián saludó con mucha cortesía:

—Hola Carol, soy Sebastián.—

—Ya lo sé, dime, ¿en qué puedo ayudarte?—

—Bueno, quería pedirte un favor.—

—Dímelo.—

—¿Podrías ayudarme a contactar a Gael?—

Carol se quedó callada unos segundos.

Sebastián explicó:

—Quisiera hablar con él sobre lo de Tania, pero no tengo su número ni sé dónde vive. Por eso te busqué a ti.—

Carol pensó un momento y respondió:

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