Un mensaje nuevo apareció en la pantalla de su celular. Aspen le echó un vistazo y, sin pensarlo dos veces, arrancó el coche y salió rápidamente del fraccionamiento.
Media hora después, llegó a la orilla del río, justo donde estaba estacionada una casa rodante.
Se bajó del carro, cerró la puerta de golpe y se acercó caminando hacia la casa rodante.
La puerta estaba entreabierta. Aspen apenas iba a subir cuando a sus espaldas escuchó una risa conocida.
—¡Ape, viniste a verme!— exclamó Cauto, con una sonrisa de oreja a oreja, rebosando emoción y alegría.
En su rostro no se veía ni una pizca de odio, pero en su mano tenía un arma, la cual apuntaba directamente a Aspen.
Aspen frunció el ceño, mirándolo con dureza. Un segundo después, levantó la punta del pie y lanzó polvo al aire...
Cauto notó el movimiento y se echó para atrás al instante.
Aspen se le fue encima y, de una patada, le voló el arma de la mano antes de que pudiera reaccionar. Sin darle tregua, siguió atacando con fuerza.
Mientras Cauto esquivaba los golpes, protestó:
—¿Vienes a buscarme solo para pelear?
Aspen no le contestó, y solo arremetió con más fuerza.
Ambos sabían pelear y, tras unos minutos de golpes y bloqueos, Aspen le dio una fuerte patada en la pierna y mandó a volar a Cauto varios metros.
Cauto cayó pesadamente al suelo, escupió sangre y, sujetándose el pecho, miró a Aspen con rabia.
—¡Yo sí me contuve contigo, no quiero lastimarte! ¿Y tú sí eres capaz de matarme? ¡Ape, tienes el corazón hecho de piedra o qué!
Aspen dio unos pasos hacia él, parándose a dos metros, la mirada fría como el hielo.
—Ya sabes lo que soy capaz de hacer cuando me enojo. Te lo advierto: no te atrevas a meterte con la familia de Tania. Si los tocas, te juro que vas a rogar por no haberlo hecho.
Cauto apretó el entrecejo, cada vez más alterado, respirando agitadamente.
—¿Así que para ti, gente que ni siquiera tiene relación contigo como la familia de Tania, es más importante que yo?
Aspen solo lo miró, le contestó con frialdad y se dio la vuelta para marcharse.
En los ojos de Cauto se mezclaban el miedo y la frustración. Volvió a escupir sangre.
Miró hacia donde Aspen se alejaba, y poco a poco se le humedecieron los ojos, llenos de rabia y tristeza.
Aspen se subió a su coche y condujo un buen rato hasta que se metió por una calle secundaria.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo