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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2132

Weber observaba el televisor con el ceño fruncido.

En la pantalla, Ledo no tenía ni un ápice de compasión: delante de todos, acababa de dejar lisiados a esos tres viejos de Saúl.

Aquellos tres, que normalmente se pavoneaban como gallos de pelea, ahora yacían en el suelo, derrotados y llorando como niños, uno más desconsolado que el otro.

Eran hombres que ya tenían un pie en la tumba, toda una vida dedicada a las artes marciales, y justo cuando pensaban que podrían envejecer en paz, de repente les destrozaban las manos y las piernas.

Quitarles eso era, básicamente, arrebatarles toda su habilidad, destruir en un instante los logros de casi toda una vida.

Pudieron haber tenido un retiro tranquilo, disfrutando de la fama en el círculo marcial de Eagle, pero ahora, habían sido expulsados de ese mundo de la peor forma.

Convertidos en la vergüenza del gremio, nadie volvería a mirarlos con respeto. Aunque siguieran respirando, para todos los efectos estaban muertos; ni sus descendientes les rendirían homenaje cuando partieran.

Eso era, en realidad, más cruel que matarlos.

Weber seguía ahí, sombrío y tenso.

—No importa quién le haya enseñado, este mocoso no puede quedarse, tiene que morir— pensó, con una decisión tan fría como su mirada.

En la otra línea, su interlocutor compartía la opinión:

—No podemos permitir que se vaya vivo de Eagle, Weber. Es hora de que intervengas.

Weber apretó el puño, los ojos llenos de amenaza:

—Lo sé. Vengan para acá, tengo algo que darles.

Como no podían vencerlo de frente, ya estaban dispuestos a jugar sucio.

...

Fuera de la Asociación de Artes Marciales Eagle, tras derrotar a los tres viejos, apareció otro sujeto. Pero este no venía a pelear, sino a hablar.

—Nosotros, en el Gran Imperio Eagle, cumplimos lo que decimos. Tú heriste a varios de los nuestros, pero en el ring siempre hay ganadores y perdedores, no te lo vamos a reprochar.

—Pero si hoy te llevas nuestro letrero, eso ya no lo aceptamos.

—Todavía nos quedan expertos que hoy no pudieron venir...

—Si hubiese sido don Fuertes contra ellos, no habrían durado ni dos minutos.

—En su día, estos tipos perdieron y, para no quedar mal, inventaron que don Fuertes hacía trampa y que no tenía honor.

—Pero los verdaderos sin honor son ellos, ellos sí que son la vergüenza del mundo de las artes marciales.

La gente de Eagle no podía ni levantar la cabeza, con sus grandes maestros tirados en el piso, no tenían ni cómo responder.

Entre los habitantes de Puerto Rafe, aficionados a las artes marciales, muchos no pudieron evitar que se les llenaran los ojos de lágrimas.

—¡Don Fuertes fue un verdadero campeón, nuestro orgullo!— gritaban algunos.

—En sus mejores años, era mil veces mejor que Saúl y compañía. Nunca necesitó trampas para ganar, eso fue puro chisme de ardidos.

—¡Qué lástima que nuestro rey del combate haya muerto sin que se aclare la verdad!

En la transmisión en vivo, los que conocían al querido “segundo abuelo” no paraban de dejar mensajes de duelo, de rabia e indignación.

Y hasta los que no sabían quién era, corrieron a buscar su historia en internet. Al descubrirla, todos quedaron igual de sorprendidos.

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