—El corazón de la gente es un misterio, nunca sabes lo que de verdad piensan —dijo Aspen—. Pero Gael dice que Sebastián es buena persona.
Ellos no conocían en profundidad a Sebastián, pero Gael seguramente ya lo había investigado por su cuenta.
De hecho, si él mismo había convencido a todos para que animaran a Tania a estar con Sebastián, eso quería decir que el tipo no tenía nada raro.
Por ahora, Aspen decidió dejar de pensar en Sebastián. Al final, denunciara o no, a Gael no le iba a pasar nada.
Gael siempre había sido de esos que resuelven todo rápido y sin dar vueltas. Si alguien quería agarrarlo en un descuido, la tenía difícil.
Aspen sacó una cajetilla de cigarros y le ofreció uno a Orion.
—Lo de Cauto no es para actuar al apuro, primero hay que trazar bien el plan —advirtió.
Orion aceptó el cigarro, lo encendió y dijo:
—Eso déjamelo a mí, Aspen. Es un asunto entre los Hidalgo y ellos, no quiero que te metas en nuestros líos familiares.
Aspen insistió:
—Vamos juntos en esto.
Orion lo miró sorprendido.
—¿Juntos?
Aspen soltó el humo con fuerza.
—Ya no solo vienen por Tesoro y Nano. Ahora también saben quiénes son realmente Laín, Ledo, Luca y Miro. No podemos dejar que sigan escarbando.
Orion, al escuchar eso, se animó más.
—¿Y qué piensas hacer?
Por el rostro de Aspen pasó una sombra dura.
—Lo mismo que hicimos con Weber: cortar el problema de raíz, que no quede ni una ramita.
***
En la mansión de los Hidalgo, Samira apenas vio llegar a Carol y Tania, se le llenaron los ojos de lágrimas.
Ser madre es ser fuerte, pero también es ser vulnerable.
Aunque Nano no había salido herido, lo que había pasado ese día todavía la tenía temblando de miedo. Si los que entraron hubieran ido por ella, quizá ni lloraba; pero cuando era su hijo el que estaba en peligro, el alma se le iba del cuerpo.
La casa estaba llena. Olivia, la señora Suero, Hernán y don Suero estaban todos cuidando a Nano.
Olivia y la señora Suero tenían los ojos hinchados, seguro ya habían llorado.
Apenas vio a Carol, Olivia se le acercó con apuro.
—¡Carol, qué bueno que llegaste! Ven, por favor, revisa a nuestro Nano.

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