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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2166

—¿¡Tú quién eres, eh!? ¡Suéltame!—

La mujer gritó con furia, pero al instante siguiente su chillido retumbó en el callejón.

Gael la apartó de un empujón. Ella, con sus tacones altos, trastabilló hacia atrás y acabó cayendo de sentón al suelo, dándose un buen golpe.

La mujer, adolorida, rompió en llanto.

—¡Ay, mi pie! ¡Me duele mucho! ¡Amor, él me pegó! ¡Se atrevió a pegarme! ¡Ay, ay, ay...!—

El tipo de los tatuajes en los brazos, al ver la escena, se le fue encima a Gael con cara de pocos amigos.

—¡Maldito, te vas a arrepentir de tocar a mi mujer! ¡¡Te quieres morir o qué!!—

Le tiró un puñetazo, pero Gael, sin siquiera pestañear, le sujetó la muñeca y de un solo movimiento lo lanzó contra el suelo. Se oyó un “crack” escalofriante.

El hombre soltó un quejido ahogado, como si le hubieran sacudido por dentro.

Alzó la vista y se topó con la mirada fría de Gael, que lo observaba con una calma que daba miedo.

Ese par de ojos helados podían asustar a cualquiera.

El tipo se encogió, olvidando el dolor, y salió arrastrándose como pudo, alejándose a toda prisa.

La pareja, abrazados y temblando, lo miraban muertos de miedo y asombro.

Gael los había puesto en su lugar usando solo una mano, sin siquiera desordenarse la ropa.

La diferencia de fuerza era abismal.

Ya ni siquiera se atrevían a protestar; hasta el aire respiraban con cuidado.

Tania estaba en shock. Tardó varios segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo, se llenó de emoción y alegría, sintiendo mariposas en el estómago.

—¿Qué haces aquí? ¡No lo puedo creer!—

Jamás se le ocurrió que fuera a encontrarse con Gael en ese callejón solitario.

Desde que había dejado de insistirle, lo había visto poquísimas veces.

Ese día, iba apurada rumbo al Jardín Número Uno a ver a Tesoro. Lo había visto de lejos, pero ni siquiera le dio tiempo de saludarlo: él desapareció enseguida.

Normalmente no se atrevía a molestarlo. Ni mensajes le mandaba, y mucho menos lo llamaba por teléfono.

Así que, aunque vivían en la misma ciudad, casi nunca se veían.

Verlo era más difícil que ganarse la lotería.

Tania lo miraba con sus grandes ojos brillantes, la admiración y el cariño se le notaban de lejos.

Gael le devolvió la mirada, su voz seguía siendo fría:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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