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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2173

—Este año el clima en Puerto Rafe sí que está loco, ¿a poco no? Apenas estamos empezando octubre y ya parece que se va a soltar un tormentón de esos que ni te cuento —dijo alguien con voz sorprendida.

—¡Ya está avisando el pronóstico, eh! ¡Que se viene la lluvia, pero de la fuerte! ¡Tormenta y viento, hasta los noticieros lo dijeron! —agregó otra persona entre el bullicio.

La directora, que estaba revisando su celular con cara de preocupación, alzó la voz apurada:

—¡Hay que apurarse, muchachos! Las colchas de los niños siguen afuera, ¡detengan lo que estén haciendo y vayan a recogerlas! No vaya a ser que se nos mojen.

En cuanto la escucharon, todos dejaron lo que estaban haciendo y salieron corriendo hacia el patio.

Tania también soltó lo que tenía entre manos, olvidándose por un momento de Gael. Lo primero era recoger las colchas de los chiquillos, eso era lo más urgente.

El clima de Puerto Rafe era impredecible. Hacía un rato el sol brillaba y ahora, de repente, el cielo estaba tan negro que parecía que ya iba a anochecer.

Nada que ver con el típico clima de principios de octubre.

Como en el orfanato había tantos niños, el espacio para tender las colchas nunca era suficiente. Así que la directora siempre las ponía en distintos rincones para que pudieran secarse bien.

Por eso, cada quien se fue por su lado: unos corrieron al patio donde se tendía la ropa, otros al área de juegos, y algunos subieron al techo y la terraza.

Todos iban de prisa, recogiendo las colchas a toda velocidad, con miedo de que la lluvia de verdad los alcanzara.

Cuando terminaron de juntar y acomodar todo, se dieron cuenta de que faltaban dos colchas.

La directora se llevó la mano a la frente, recordando de golpe:

—¡Ay, en la cancha también tendimos unas! ¿Alguien fue a la cancha a recogerlas?

Todos negaron con la cabeza.

Justo cuando las primeras gotas comenzaban a caer, Tania se ofreció:

—¡Yo las recojo!

Otra voluntaria se le unió al instante:

—¡Voy contigo, vamos!

Las dos salieron disparadas hacia la cancha, metiéndose de lleno bajo las nubes oscuras.

El viento era tan fuerte que casi no podían mantener los ojos abiertos.

La cancha no estaba lejos del edificio principal, solo eran unos minutos corriendo.

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