Residencial Jardín Número Uno.
Aspen acababa de colgarle a Abel cuando el teléfono volvió a sonar. Era Orion.
—¿Ya te enteraste? —soltó Orion, con ese tono chispeante tan suyo—. ¡Gael y Tania ya andan juntos!
Aspen ya lo había oído, pero ni tiempo le había dado de averiguarlo bien.
Orion estaba que no cabía en sí de la emoción.
—¡Ya le llamé a Gael! ¡Él mismo lo dijo! ¡De verdad se acostó con Tania! ¡Dios mío, nuestro crack Gael por fin se nos hizo hombre!
Aspen entrecerró los ojos, dudando.
—¿Gael te lo dijo así, tal cual?
No le cuadraba. Conociendo a Gael, no era de los que iban a la cama así nomás, menos con Tania. Gael siempre había sido muy responsable. Sabía que si daba ese paso, tenía que estar dispuesto a afrontar las consecuencias.
Pero Orion seguía hablando, seguro de lo que decía.
—¡Claro! ¡Él lo dijo! —insistió—. Cuando le pregunté lo de la impotencia, lo negó, pero no negó que se acostó con Tania. ¡Eso quiere decir que sí pasó!
Orion no paraba de hablar, cada vez más animado.
—Por fin Gael hizo algo bien. Mañana le invito unas cervezas… No, espera, si ni toma. ¡Pues entonces lo invito a cenar! Aunque seguro ni así lo saco de su cueva… ¿Y si mejor le llevo un regalo? ¿Pero qué le regalo a ese tipo si nunca le gusta nada?
Seguía y seguía, sin detenerse, hasta que Aspen le cortó el rollo:
—¿Y a ti qué te emociona tanto que Gael y Tania anden juntos?
Orion ni lo pensó.

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