Apenas escuchó eso, Hernán dejó el bolígrafo y se levantó para ponerse el saco de su traje.
—Entonces llegaste justo a tiempo. Termina de aprobar estos documentos que quedan y yo iré a casa a ver a tu madre y a Nano.
—Están perfectamente bien, no hace falta que vayas —dijo Orion.
Hernán frunció los labios.
—Aunque no haga falta, tengo que volver. No puedes ser el único que se queda en casa con su esposa. Yo también tengo que ir a acompañar a la mía.
Orion entrecerró los ojos y dijo:
—Si te vas, le diré a mamá que fuiste tú quien no me dejó acompañar a Sami, que insististe en traerme a trabajar a la empresa y que, por haberme venido, ¡Sami se puso muy triste!
—¡Ya verás si mamá no te da una paliza!
Hernán detuvo el gesto de ponerse el saco. —¿Estás loco? ¡Cómo te atreves a amenazar a tu padre!
Orion sonrió.
—No vine a trabajar. Vine a discutir un asunto contigo, algo serio.
—¿Qué asunto? —preguntó Hernán con el ceño fruncido.
Antes de que Orion pudiera responder, Hernán continuó:
—Ni se te ocurra pedirme dinero, ¡no tengo! Todo mi dinero lo tiene tu madre. Si quieres, pídeselo a ella. Yo no tengo ni ahorros ni guardaditos.
Orion hizo una mueca.
—Tú no tendrás tu guardadito, ¡pero yo sí! ¡Mi esposa me quiere y me permite tener mis ahorros!
Hernán lo miró con desconfianza. —¿Ah, sí?
Orion, con aire despreocupado, le guiñó un ojo a su padre.
—¿Te da envidia? ¿Celos?
Hernán frunció los labios.
—¡Habla en serio! Y si no tienes nada importante que decir, lárgate. ¡No quiero verte!
Orion volvió a sonreír, carraspeó y adoptó una expresión más seria.
—Vine a hablarte del asunto de la familia Enríquez.
—¿La familia Enríquez? —preguntó Hernán, confundido—. ¿Cuál familia Enríquez? ¿Te refieres a ese ex esposo de Sami?
—No, ese imbécil no —dijo Orion con una mueca—. La familia Enríquez de Leona.
Hernán se mostró aún más perplejo.
—¿La familia Enríquez de Ciudad Leona? ¿Qué pasa con ellos? ¿Qué tienes que ver tú en eso?
Orion le relató toda la historia y añadió:
—Aspen no está en Puerto Rafe ahora mismo, así que este asunto solo podemos resolverlo nosotros. La familia Enríquez es también una familia de abolengo, de negocios. Las identidades de Abel y Gael no son adecuadas para tratar con ellos.
La expresión de Hernán se tornó seria.
—El benefactor de Tesoro es el benefactor de la familia Hidalgo. ¡Debemos ayudar!
A Orion no le sorprendió la respuesta; conocía bien el carácter y la forma de actuar de su padre.
—Si queremos ayudar, tendremos que invertir dinero —dijo Orion.
—¿Piensas usar un proyecto para acercarte a la familia Enríquez? —preguntó Hernán, mirándolo.
Orion no asintió ni negó con la cabeza.

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