—¡Mientras él siga con vida, yo seguiré a su lado!
Al oír esto, el médico suspiró suavemente y también miró hacia la unidad de cuidados intensivos.
—Esperemos que ocurra un milagro. Volveré a contactar a la Asociación de Medicina para ver si podemos traer al presidente. Don Salvador estudió un tiempo con doña Flores, ¡su habilidad médica es la número uno del país!
—¡Si al señor Enríquez le queda una mínima posibilidad de sobrevivir, solo podemos poner nuestras esperanzas en don Salvador!
—Por favor, contáctalo. ¡Cualquier condición que ponga, la cumpliremos! —dijo Darío.
—De acuerdo. Seguiré intentando contactarlos —asintió el médico.
Mientras tanto, en la habitación de Alfredo.
Rodrigo estaba sentado junto a la cama, con una apariencia falsamente respetuosa.
—Papá, ¿cómo te sientes hoy? ¿Estás un poco mejor?
Alfredo, acostado en la cama con los ojos cerrados, no quería dirigirle la palabra.
Rodrigo no se molestó y suspiró.
—Acabo de venir de ver a mi hermano. El doctor García dice que ya podemos ir preparando su funeral, que no hay posibilidad de salvarlo.
Al oír esto, el abuelo Alfredo abrió los ojos de golpe y miró a Rodrigo con furia, jadeando.
Debido a la agitación, el monitor cardíaco junto a la cama comenzó a emitir un pitido de alerta.
Una joven enfermera entró al oír el ruido, pero Rodrigo la echó.
—No se va a morir. Quédate afuera y no interrumpas la conversación entre padre e hijo.
La enfermera no se atrevió a decir nada y salió en silencio.
Rodrigo miró a Alfredo y dijo:
—No te alteres. Si te alteras demasiado, ¡de verdad podrías morirte! A mi hermano acaban de declararlo en estado crítico, y si tú te mueres de repente, ¿cómo voy a soportarlo? Me temo que me moriría de la risa.
Alfredo respiraba con dificultad. —Tú... tú... cof, cof...
Alfredo tosía sin parar, pero a Rodrigo no le importó. Se sentó a un lado con las piernas cruzadas, observando la escena con diversión.
—Y no me culpes por no ser un buen hijo. Todo esto te lo has buscado tú solito. ¡Todo por tu favoritismo!
—En aquel entonces, me esforcé tanto por destacar ante ti, solo para que me prestaras un poco de atención, para que me nombraras a mí como cabeza de familia. Pero tú, ¡qué va! Con un simple «no eres adecuado», le entregaste el control de la familia Enríquez a mi hermano mayor.
—¿Que no soy adecuado? ¿Y Benjamín sí lo es? ¡Por favor!
—¡Si hubiéramos competido en igualdad de condiciones, no estoy seguro de que él fuera más capaz que yo!
—Más tarde, cuando Eric se fue al ejército, reclutado por el país a una edad tan temprana, pensé que sus ambiciones no estaban en la familia Enríquez, y que entonces me mirarías con buenos ojos. Después de todo, mi hermano Benjamín solo tiene a Eric como hijo. Si Eric no tomaba el relevo, ¡cuando mi hermano muriera, me tocaría a mí!
—¡Pero no! Cuando te lo insinué, ¡seguiste sin tomarme en cuenta!
—Quería participar en los proyectos clave del Grupo Enríquez, ¡y no me dejaste! Quería un ascenso, entrar en la alta dirección de la empresa, ¡y no lo permitiste!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo