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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3137

Ledo asintió.

—Sí.

—Bueno, vámonos a la casa —dijo Aspen Bello.

—Voy a avisarle a Eric —dijo Tesoro—, y de paso le doy unas últimas indicaciones al doctor.

Aspen asintió y Tesoro se dio la vuelta para caminar hacia la tienda.

—Voy a despedirme del abuelo menor —anunció Ledo.

Corrió hacia el anciano, quien, al oír que iba a bajar de La Montaña, mostró una sorpresa fugaz en su mirada.

—¿Te vas ahora mismo?

Ledo asintió y le explicó que Tesoro quería ir a la casa de la familia Enríquez.

El capitán Pérez se emocionó al oírlo.

—¿La señorita Bello va a tratar personalmente al señor y la señora Enríquez?

—Sí —confirmó Ledo.

—¡Qué maravilla! —exclamó el capitán Pérez—. La señorita Bello es una doctora excepcional. ¡Con su tratamiento, el señor y la señora Enríquez tienen una esperanza de sobrevivir!

Luego, miró a Aspen Bello.

—Señor Bello, ¡le doy las gracias en nombre de Eric!

—No tiene por qué —respondió Aspen—. Este es un asunto personal entre Tesoro y Eric. Ellos se encargarán, y no me opondré.

El capitán Pérez estaba eufórico, pero el abuelo menor frunció el ceño.

—La familia Enríquez es un desastre ahora mismo. ¿Vas a dejar que los dos hermanos vayan solos?

—Ya he hecho arreglos para que ayuden al señor Enríquez. Las personas que he enviado quieren a Tesoro y a Ledo como si fueran sus propios hijos, así que los cuidarán bien —explicó Aspen.

El abuelo menor soltó un largo suspiro, mirando a Ledo con nostalgia.

—No tienes que estar triste, abuelo. Cuando Tesoro y yo terminemos de tratar al señor y la señora Enríquez, volveremos —le aseguró Ledo.

—¿De verdad podrás volver? —preguntó el anciano.

—Claro que sí. Tengo que traer a mi hermana de vuelta, ¿no? Y después de dejarla, podré quedarme unos días más en La Montaña, ¿verdad, papá?

—...Habla de eso con tu mamá —respondió Aspen.

Ledo hizo un puchero.

—No puedo decírselo ahora. Si lo hago, seguro que le pide a alguien más que traiga a Tesoro de vuelta y a mí me manda directo a la escuela.

—No voy a delatar tu plan, pero tampoco me eches la culpa a mí —dijo Aspen.

Ledo soltó una risa nerviosa. Antes de que pudiera decir algo, el abuelo menor intervino.

—Yo te cubro. Haz lo que tengas que hacer, que de Carol me encargo yo.

Aspen se quedó sin palabras.

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