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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3142

Tras cruzar miradas, Darío asintió.

—Sí, lo conozco.

—¿Y por qué no lo dijiste antes? —exigió Rodrigo, furioso.

—Todavía no era el momento de decirlo.

—Tú…

—¿Podrían dejar sus problemas personales para después? —intervino Orion—. El proyecto es importante, y aquí están en juego los intereses de todos los presentes.

Gorgonio entrecerró los ojos y dijo:

—El señor Orion tiene razón. Sin embargo, ha estado hablando de este proyecto sin mostrarnos nada. Si la familia Hidalgo realmente tiene la intención de continuar, ¿no deberíamos tener al menos una idea básica de lo que trata?

Orion respondió:

—Por supuesto. Organicen todo y más tarde lo discutiremos seriamente en la sala de juntas. Ahora necesito hablar a solas con el asistente Darío. ¿Les parece bien?

Antes de que Rodrigo pudiera responder, otro de los directores de la familia Enríquez se adelantó.

—Claro que sí.

Orion miró a Darío.

—Asistente Darío, ¿no quiere ir a ver a un médico primero?

Darío, sorprendido por un instante, negó con la cabeza. —No es necesario.

—Muy bien, entonces. Hablemos en privado.

Instintivamente, Darío miró hacia la unidad de cuidados intensivos. Orion se giró hacia Gael.

—Hablaré a solas con el asistente Darío. Cúbrelo un rato. Asistente Darío, ¿su trabajo ahora consiste únicamente en vigilar al señor Enríquez?

Darío, de nuevo sorprendido, asintió. —Sí.

—Solo vigilar, ¿sin hacer nada más? —preguntó Orion.

—…Sí.

Orion se giró hacia Gael.

—¿Oíste? Solo tienes que quedarte aquí parado y vigilar. No tienes que hacer nada más.

Orion se fue con Darío, dejando a Gael de pie frente a la puerta de cuidados intensivos. Parecía un témpano de hielo sin emociones, inmóvil y con una presencia que helaba la sangre.

Los directores más ancianos de la familia Enríquez vieron a Orion y Darío marcharse y, por el momento, desecharon la idea de irse del hospital. Se retiraron a una sala de descanso al otro lado del pasillo.

El guardaespaldas de Rodrigo preguntó en voz baja:

—Jefe, ¿qué hacemos ahora?

Rodrigo, rechinando los dientes, miró a Gael.

—No es más que un perro faldero de Orion Hidalgo, del mismo nivel que Darío. ¡Qué aires se da!

Su voz era fuerte, a propósito para que Gael lo escuchara.

Y Gael, en efecto, lo escuchó. Lo miró como si fuera un idiota, con los ojos llenos de desdén.

—Maldita sea, un perro se atreve a… —empezó a gritar Rodrigo, furioso.

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