Orion dijo:
—No hay problema, no se preocupe. Darío es ahora el puente de comunicación entre la familia Enríquez y los Hidalgo. Mientras no renuncien a este proyecto, no le tocarán. Señor Enríquez, ¿tiene algún plan ahora? Puede contárnoslo.
Benjamín preguntó:
—¿Y mi padre? ¿Está hospitalizado, verdad?
Orion asintió.
—Sí. La noticia de que usted y su esposa estaban en estado crítico fue un golpe demasiado grande para él. El disgusto le provocó un ataque y tuvo que ser hospitalizado. Pero no se preocupe, su estado no es tan grave como el de ustedes, no corre peligro.
—¿Está en coma ahora? —preguntó Benjamín.
Orion miró a Tesoro, quien dijo:
—He investigado su caso. Sigue en coma, pero puede despertar en cualquier momento. No hay peligro para su vida.
—¿Podemos hacer que no despierte? —sugirió Benjamín.
—¿Eh? —Tesoro se mostró confundida.
Benjamín explicó:
—No podemos contarle lo de mi muerte fingida, él también podría delatarnos sin querer. Pero si no se lo decimos, la conmoción podría ser fatal para él. Ya es mayor, no podría soportar un golpe así.
Tesoro asintió.
—Entiendo. Entonces, haremos que el abuelo Enríquez permanezca en coma. Cuando usted haya resuelto el asunto con esos canallas, lo despertaremos.
—Cuando el abuelo Enríquez despierte y los vea a usted y a la señora Enríquez sanos y salvos, ¡se pondrá muy feliz! ¡Será una gran sorpresa! —añadió Ledo.
Benjamín no pudo evitar sonreír, pero al hacerlo, sus ojos se enrojecieron de nuevo.
—¿Qué he hecho yo, Benjamín Enríquez, para merecer conocerlos? ¡El cielo ha sido realmente bueno conmigo!
Ledo respondió:
—Señor Enríquez, es usted demasiado modesto. Antes de venir, investigamos sobre usted y el capitán Pérez también nos habló de usted. Usted y su esposa son buenas personas, ¡y la gente buena merece ser recompensada!
Tesoro añadió:
—Mi papá y mi mamá también dicen que la gente buena como usted y su esposa merecen vivir en paz y seguridad.
Benjamín miró a Ledo y a Tesoro, conmovido hasta el punto de no poder hablar. Levantó la mano y les acarició la cabeza.
—Buenos niños. No soy un hombre de muchas palabras, ¡pero guardaré su amabilidad en mi corazón! ¡De ahora en adelante, mi esposa y yo los consideraremos como a nuestros propios hijos!
—¡Los trataremos como tratamos a Eric! Si alguna vez nos necesitan, ¡mi esposa y yo estaremos a su disposición!
Tesoro dijo:
—No tiene por qué ser tan amable, señor Enríquez. Fue Eric quien nos hizo un favor primero, nosotros solo estamos devolviéndoselo.
Ledo intervino:
—Señor Enríquez, Darío volverá pronto. Apresúrese y cuéntele a mi padrino sus planes para después de su «muerte», así sabremos cómo actuar.
Benjamín se secó las lágrimas rápidamente y, mirando a Orion, dijo:
—Tengo un plan, no sé si funcionará. Escuchen…
Benjamín habló durante un rato, con una expresión seria mientras miraba a Orion.
Ledo y Tesoro, sin entender de estrategias de negocios, también miraban a Orion con los ojos bien abiertos, esperando su respuesta.
Orion guardó silencio por un momento y luego dijo:
—El funeral del señor Enríquez será sin duda el momento de mayor actividad. Podemos poner en marcha el plan durante el funeral.
Benjamín lo pensó.

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