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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3395

Nuevo hogar¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

—Tienes un gran talento. Tienes potencial para ser un gran chef.

Nano se puso loco de contento, sus ojos se abrieron grandes y brillantes.

—¿De verdad?

Aspen asintió. —De verdad, Nano es increíble.

—¡Entonces, mañana por la mañana, le volveré a hacer huevos fritos a papá Aspen! —exclamó Nano, emocionado.

Aspen asintió con una sonrisa. —De acuerdo.

Bajó la cabeza y siguió comiendo tranquilamente.

Orion estaba perplejo. ¿Cómo era posible que estuviera bueno?

¡No tenía sentido!

Ya había probado el arte culinario de su querido hijo en casa. No diría que era basura, ¡pero sí que era de un novato!

Orion, sin poder entenderlo, siguió observando a Aspen un rato más. Luego, le pidió a la cocinera un par de cubiertos nuevos y cogió un trozo de huevo frito del plato.

—¿Qué haces? —lo detuvo Aspen con sus cubiertos.

—No he comido suficiente en casa. Voy a probar, solo un bocado —dijo Orion.

—No, si le das un mordisco, ¿cómo voy a comer yo?

Orion apretó los labios.

—¿Somos o no somos hermanos? ¿Acaso la amistad entre hermanos no vale más que un huevo frito? Mañana le digo a mi hijo que te haga un par más.

Dicho esto, Orion cogió el huevo a la fuerza y se lo metió en la boca de un gran mordisco.

Como si temiera que Aspen se lo quitara.

Pero al segundo siguiente, ¡sus ojos se abrieron como platos!

Aspen se levantó rápidamente, cogió una servilleta, le tapó la boca a Orion con la mano y lo obligó a tragarse el huevo.

—Es un regalo de tu hijo, no se desperdicia.

Orion se resistía con todas sus fuerzas, como si le estuvieran dando veneno.

Un momento después, Aspen lo soltó y, con elegancia, se sentó y siguió comiendo.

Orion, casi «muerto» por su culpa, con la cara roja como un tomate, corrió a la cocina, abrió la nevera y se bebió medio bote de una bebida fría para calmar la acidez del estómago.

—Papá, ¿estás bien? —le preguntó Nano, preocupado.

Orion no podía decir que el huevo frito de su hijo casi lo «envenena», así que solo pudo forzar una sonrisa.

—Papá está bien.

Dicho esto, volvió al comedor y espetó: —¡Tú no eres humano!

—Delante de los niños no se pueden decir palabrotas.

Orion apretó los labios. Primero, le pidió a su hijo que lo esperara en el coche. Cuando Nano se fue, dijo, furioso:

—¡¿Querías envenenarme?!

—Tú querías envenenarme a mí primero —contraatacó Aspen.

—Yo… solo quería que probaras algo nuevo. ¡Sabías perfectamente que estaba malo y aun así me dejaste comerlo!

Aspen entrecerró los ojos, con una actitud de indiferencia.

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