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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3416

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Abel respondió enseguida: [¿Qué pasó con el Tío Teodoro?]

Gael tecleó de vuelta: [No conozco los detalles exactos.]

Abel: [¿Dónde están ahora?]

Gael: [Acabamos de salir de El Barrio Marginal de ver a Ricardo Rojas. Vamos de camino al hospital.]

Abel, alarmado, envió un mensaje a la velocidad de la luz: [¡¿Aspen está herido?!]

Gael aclaró la situación: [No, yo recibí algunos rasguños. Fue un enfrentamiento leve con los sicarios de Ricardo. No es nada grave.]

Abel hizo un par de preguntas más para asegurarse del estado de Gael y luego volvió al tema principal: [¿De qué hablaron Aspen y Ricardo?]

Gael: [No estoy seguro de los detalles de la charla, pero seguramente Ricardo destapó algo grave sobre el Tío Teodoro.]

Abel envió un emoticón preocupado: [El Tío Teodoro es, sin exagerar, una de las figuras paternas más importantes en la vida de Aspen. Ruego a Dios que no resulte ser el villano de la historia.]

Gael sugirió una solución rápida: [Trata de comunicarte con Carol. Si ella no está disponible, llama a Laín. Que más tarde Laín le eche una llamada a Aspen. Su estado emocional en este momento está pendiendo de un hilo.]

Abel: [De acuerdo, yo me encargo de las llamadas. Tú no te separes de Aspen.]

Gael guardó su teléfono y, desde el asiento trasero, siguió observando a Aspen con genuina consternación.

Mientras tanto, Abel intentó comunicarse con Carol, pero no hubo respuesta. Inmediatamente después, marcó el número de Laín.

Laín, siendo el genio precoz que era, contestó al instante.

—Hola, Tío Abel. ¿Sucede algo? No tuve clases en mis dos primeros periodos, estoy en la biblioteca.

Abel suspiró aliviado, agradecido por la madurez del niño.

—Laín, Aspen está pasando por una crisis emocional grave y Carol no contesta. Tú eres experto en saber cómo llegarle a la gente. ¿Podrías llamarlo en un rato para animarlo un poco?

—¿Qué le pasó a mi papá? —indagó Laín con su característico tono calculador.

—Parece que todo esto tiene que ver con el Tío Teodoro.

Laín frunció el ceño, intrigado.

—¿El Tío Teodoro? ¿Qué relación tiene él en esto?

—No tengo todos los detalles —admitió Abel—, pero parece que Teodoro está implicado de alguna manera con la organización del virus de octava generación.

La gravedad del asunto hizo que la expresión de Laín se oscureciera.

—¿Es información confirmada?

—Aún no lo sabemos a ciencia cierta —suspiró Abel.

—... Entendido —concluyó Laín—. Llamaré a mi papá en un momento. ¿Ha habido algún avance respecto a los verdaderos líderes del virus?

Abel le hizo un resumen relámpago:

—Encontramos a un objetivo clave, un miembro del núcleo del cartel del virus llamado Ricardo Rojas. Proviene de un pueblo fronterizo...

Le detalló el panorama de Ricardo. Al escucharlo, Laín analizó la situación fríamente.

—Es una oportunidad excelente. Si los altos mandos del virus lo enviaron para vigilar a mi papá de cerca, significa que su posición dentro de la organización es vital. ¡Sabe más de lo que aparenta! Si logramos romperlo y hacerlo confesar, la destrucción total de esa organización será inminente.

—Exactamente —concordó Abel—. Ricardo está acorralado. Si quiere seguir respirando, necesita nuestra protección. Aunque todavía no lo tenemos comiendo de nuestra mano, las probabilidades de que hable son altas.

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