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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3426

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Carol sonrió con ternura.

—Usted y su hermano también forjaron a Ledo. Si no fuera por la enseñanza de ustedes, quién sabe cuántos años habría tardado en alcanzar este nivel. El talento es fundamental, pero tener a los maestros correctos es igual de valioso. Todos ustedes se complementan perfectamente.

El anciano esbozó una sonrisa, con el corazón rebosante de paz.

Al acercarse a la academia de artes marciales, Aspen detuvo el coche detrás de una gran camioneta blindada.

Girándose hacia el asiento trasero, le explicó al anciano:

—Abuelo menor, lo dejaremos aquí. Faltan unos diez minutos de trayecto, pero ya he ordenado que despejen la zona. Durante los próximos días, la academia cerrará sus puertas bajo el pretexto de una remodelación interna. Podrá quedarse allí, acompañando a sus padres, con la total tranquilidad de que nadie interrumpirá su momento.

—En la camioneta de enfrente ya están su teléfono nuevo y el reloj inteligente; el conductor se los entregará. Todas las personas en ese vehículo son de mi absoluta confianza; puede ordenarles lo que necesite sin reservas.

El anciano asintió con gratitud.

—Se los agradezco de corazón, han pensado en todo.

Carol agregó con preocupación amorosa:

—Abuelo menor, llámenos a cualquier hora si necesita algo.

El anciano sonrió.

—Así lo haré.

Con su cubrebocas puesto, el anciano bajó del coche y subió a la camioneta que lo esperaba.

Carol lo siguió con la mirada a través del cristal, sin poder ocultar su inquietud.

—El abuelo menor ha estado aislado del mundo por muchísimo tiempo. No comprende las costumbres modernas, apenas sabe relacionarse con extraños y no tiene ni las habilidades más básicas para la vida urbana actual. ¿Estará bien dejándolo solo allá afuera?

Antes de reencontrarse con Ledo, el anciano había vivido en la más absoluta soledad dentro del área prohibida del templo.

Después se trasladó a las montañas, donde su única compañía eran los otros ancianos de la familia de Carol.

Más tarde, con la llegada del Comandante Óscar, el Sr. Pérez y sus hombres, tuvo un poco más de interacción, pero seguía siendo alguien de muy pocas palabras...

Que bajara de repente a la civilización y se quedara solo a la deriva era algo que a Carol no le dejaba tranquila.

Aspen tomó su mano para calmarla.

—No te angusties. Dejé a mis mejores hombres cuidándolo en las sombras las veinticuatro horas. Al menor contratiempo, aparecerán de inmediato para asistirlo.

Carol asintió, un poco más relajada.

—De acuerdo.

Apenas pronunció la palabra, su teléfono comenzó a sonar. Era Ledo. Carol sonrió y contestó.

—Hola, Ledo. ¿Ya saliste de clases?

La voz del niño rebosaba de emoción.

—¡Mamá! ¿Ya llegaron a casa tú y el bisabuelo menor?

Carol asintió con una sonrisa.

—Así es.

Ledo no dudó ni un segundo:

—¡Yo también quiero regresar!

Carol fue firme pero cariñosa:

—Estás demasiado lejos. Quédate allá y estudia. El bisabuelo menor y yo iremos a visitarte, no hace falta que hagas un viaje tan agotador.

El niño preguntó impaciente:

—¿Y cuándo van a venir?

Carol lo pensó un momento.

—Aún no tenemos una fecha exacta, pero te prometo que iremos a verte antes de regresar a las montañas.

Ledo se quedó callado un par de segundos, algo decepcionado, pero enseguida volvió a la carga:

—¿Dónde está el bisabuelo menor?

Carol explicó:

—Fue al santuario ancestral a visitar a sus padres. Tu papá le acaba de comprar un teléfono nuevo. En un rato le pediré que te envíe un mensaje.

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