Al escucharla, Aspen se detuvo en seco y regresó sobre sus pasos.
—¿Te desperté?
Carol miró la hora en su teléfono.
—Son las dos de la mañana. ¿Qué está pasando?
—César está malherido —respondió Aspen con tono grave—. Voy al hospital.
Carol frunció el ceño al instante.
—¿Qué le pasó?
—Durante la pelea con Thor, lo golpearon con un jarrón pesado. Orion me llamó para decirme que tienen que operarlo de urgencia. Los padres de Thor y los de César ya están ahí, y Orion no puede manejar la situación él solo. Me pidió que fuera a intervenir.
—¿En dónde fue el golpe? —preguntó Carol, alarmada.
—Creo que en la cabeza, pero no sé los detalles médicos.
Carol no podía creerlo.
—¿Pero no se pelearon en la tarde? ¿Por qué lo operan hasta ahorita?
—Estuvo bajo observación todo el día. Pero hace un rato, el Dr. Nathan y un equipo de neurocirujanos hicieron una junta médica y determinaron que la cirugía es indispensable para evitar daños permanentes.
Carol se quitó las cobijas de inmediato.
—Voy contigo.
Aspen dudó un segundo.
—...No es necesario que vayas. El Dr. Nathan está a cargo y la vida de César no corre peligro inminente. Quédate a descansar.
Pero Carol ya se estaba poniendo los zapatos.
—Soy doctora, necesito ver cómo está. Además, con la señora Echeverría y la señora Ramiro ahí, tú no vas a saber cómo tratar con ellas. Te acompaño.
Aspen cedió.
—...De acuerdo.
Carol corrió al baño para echarse agua en la cara y despejarse, se cambió rápidamente y ambos salieron rumbo al hospital.
Al llegar a la sala de emergencias, Orion se sorprendió al ver a Carol.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a ayudar —respondió Carol—. ¿Cuál es el parte médico?
Orion suspiró, pasándose la mano por el cabello.
—Su vida no corre peligro, pero tienen que hacerle una cirugía cerebral. El Dr. Nathan te dará los detalles exactos.
Carol frunció el ceño con preocupación.
—Voy a entrar a verlo.
Mientras Carol desaparecía en la zona restringida, Aspen se quedó junto a Orion en el pasillo.
—¿Y Thor? —preguntó Aspen.
Orion señaló con la barbilla hacia las escaleras.
—Fumando en la planta baja.
Aspen miró hacia las escaleras y luego volvió la vista a Orion.
—¿Cómo carajos llegaron a este extremo?
—Esta vez no fue un simple pleito de borrachos —explicó Orion con amargura—. Rompieron en serio. Hasta disolvieron sus sociedades.
Durante los últimos años, Thor y César no solo habían sido amigos inseparables, sino que habían fundado casi una decena de empresas juntos.
Aspen frunció el ceño.
—¿Rompieron todas las sociedades?
Orion asintió.
—Todas. César mandó a llamar a sus abogados. Dividieron activos y deudas al cincuenta por ciento, y ambos firmaron los papeles.
Aspen se quedó mudo.

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