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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3453

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—Además, todos los planes han sido ideados por él. Cada movimiento estratégico y la decisión final siempre han estado en sus manos.

Aspen frunció el ceño, su expresión se tornó sombría.

¡Sabía perfectamente que Ricardo hablaba del verdadero autor intelectual de todo este desastre!

¿Cómo había comenzado la guerra biológica?

Alguien tuvo que concebir la idea primero, para luego buscar financiamiento, reclutar gente y ejecutar el plan paso a paso, desde la primera generación del virus hasta la octava.

Y esa mente maestra, el primero en estructurar el plan, ¡era la pieza clave!

¡El titiritero que movía los hilos desde las sombras!

Si lograba desenmascararlo, los demás no tendrían dónde esconderse. ¡Toda la organización se desmoronaría!

Definitivamente quería atrapar a ese sujeto.

Con él en sus manos, ya no tendría que ir tras ellos uno por uno; estaría cortando el problema de raíz.

Aspen preguntó con frialdad:

—¿Tienes pruebas de que Cauto está conectado con él?

Ricardo respondió:

—No. Pero piénselo: después de la muerte de Víctor, Cauto logró escapar por milagro. ¿Por qué nadie lo persiguió para silenciarlo?

—Ese sujeto tiene el destino de todos nosotros en sus manos. Cauto no pudo haber escapado de su radar; es obvio que sabe exactamente dónde vive ahora. Si no lo ha matado, es por una razón de peso.

Aspen se quedó en silencio por unos segundos, sopesando las palabras.

—¡Trato hecho!

Ricardo dejó escapar un largo suspiro de alivio.

—Entonces le enviaré el expediente de Cauto. A cambio, prométame que evitará que el General Teodoro me encuentre. No quiero verlo por ahora.

Una idea cruzó por la mente de Aspen y preguntó:

—¿Quién fue el que te avisó de la tragedia de tu familia en aquel entonces? ¿Quién te ayudó a escapar?

—Ya se lo dije, fue Teodoro —respondió Ricardo.

—Mientes —sentenció Aspen.

Ricardo apretó los labios.

—¿Fue Teodoro quien le dijo que yo miento?

Aspen no respondió. Ricardo soltó una risa irónica.

—Tira la piedra y esconde la mano. Teodoro no es mejor que yo, ¿acaso no es un cobarde también?

—¿Por qué insistes en culpar al General Teodoro? —cuestionó Aspen—. Cuando pasó lo de tu familia, ¿Teodoro te lo dijo en persona? ¿O alguien más te buscó diciendo que venía de su parte?

Ricardo guardó silencio unos instantes.

—...Eso no es parte de nuestro acuerdo. No tengo la obligación de responder a esas preguntas. Solo dígame: ¿hacemos el trato por la información de Cauto o no?

Aspen lo pensó durante unos segundos.

—¡De acuerdo!

—Lo prometido es deuda, un hombre de palabra no se echa atrás. Espero que cumpla con su parte —dijo Ricardo—. Si me falla esta vez, no habrá más cooperación en el futuro. Solo si confío plenamente en usted, estaré dispuesto a apoyarme en usted sin reservas.

Dicho esto, Ricardo colgó.

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