Thor preguntó de inmediato: —¿Qué condición les pidió?
Los labios de los dos ancianos temblaron levemente, pero ninguno emitió sonido alguno.
Sabían perfectamente que mentir estaba mal, pero les aterraba la idea de causarle problemas a su hija.
Samira rompió el silencio: —Los señores son personas de una pieza, gente honesta. Simplemente no quisieron mentir y hacerse pasar por maestros.
Los ancianos la miraron con sorpresa: —¿Cómo... cómo se enteró de eso?
Samira suspiró suavemente, acariciando su vientre abultado, y se dirigió a ellos con empatía.
—Aunque soy más joven que ustedes, entiendo cómo funciona la vida. Lo que está bien, está bien, y lo que está mal, está mal. Incluso si se trata de nuestros propios hijos, no podemos encubrirlos ciegamente.
—Si ella comete un error y no se le corrige, si solo le dan por su lado, tarde o temprano terminará provocando una tragedia mayor. ¡Consentirla así es hacerle un daño irreparable!
—Ustedes hicieron lo correcto. Cuando se trata de principios importantes, por mucho que la amen, no deben ser cómplices de sus engaños.
Los ojos de Elena se llenaron de lágrimas.
—Para serle muy sincera, este compromiso nunca nos pareció buena idea. No es que no queramos verla progresar, ¡es que tenemos miedo de que termine sufriendo!
—Nosotros no llegamos ni a clase media, somos gente humilde, de trabajo pesado. No pertenecemos al mismo mundo que esa familia adinerada. Nos aterraba la idea de que la estuvieran engañando, o que si se casaba, tuviera que vivir soportando humillaciones o humillándose ante ellos.
—Quizás no tengamos grandes estudios ni seamos gente importante, ¡pero sabemos que vivir de arrimados y depender de otros es la peor condena!
—Además, el matrimonio es algo sagrado. Si antes de casarse oculta quiénes somos en realidad, el día que su familia política lo descubra, ¡sería una vergüenza terrible!
—La vergüenza es lo de menos. Lo peor sería que la tacharan de interesada, de cazafortunas, de engañarlos para casarse. ¿Con qué cara iba a mirar a esa familia después de algo así?
—Pensábamos que, si ahora mismo ellos la menosprecian por sus orígenes, ¡entonces jamás sería feliz en ese matrimonio!
—Solo queríamos que fuera sincera, que caminara con la frente en alto. Si el muchacho de verdad la amaba y no le importaba su origen, entonces todos estaríamos felices. Y si la despreciaba por eso, ¡mejor que terminaran antes de arruinarse la vida!
—Todo lo hicimos por su bien, pero ella simplemente se niega a entenderlo.
Samira frunció el ceño, con el corazón apretado.
—Ese es un problema exclusivamente suyo, no tiene nada que ver con ustedes. Como padres, han hecho un trabajo impecable.
¿Qué padre no anhela darle el mundo entero a sus hijos?
Pero las capacidades humanas tienen límites; no todos nacen para ser millonarios.
Hacer todo lo humanamente posible para darles amor, principios y apoyo, ¡eso es lo que define a un padre excepcional!
El único "defecto" de estos padres era haberle entregado todo su amor a Valentina, olvidándose por completo de amarse a sí mismos.
Samira añadió en tono reconfortante:
—Cada quien forja su propio destino. Si a los hijos les va bien, es su bendición. Si les va mal, son las consecuencias de sus propios actos.

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