El General Teodoro adoptó una expresión sombría.
—Se dice que su madre también terminó siendo un sujeto de pruebas. Murió envenenada durante uno de los experimentos. Supongo que fue el karma alcanzándola.
Aspen guardó silencio por un segundo.
—...¿Dijo algo más sobre esa gente?
El general negó con la cabeza.
—Le pregunté, pero no quiso hablar. Solo me advirtió que, si quería seguir con vida, no me metiera en el asunto del virus. Que esta era una guerra que jamás podríamos ganar.
—Dijo que, incluso si logramos aniquilarlos a todos, no tendríamos un final feliz, porque nos rompería el corazón.
—A lo que se refería es a que muchas de esas personas... son gente de nuestro propio círculo.
Aspen frunció el ceño con dureza.
—Aun así, no pienso dejarlos libres. Entre las deudas de sangre con mi familia y con este país, es imposible que me rinda.
Teodoro asintió.
—¡Lo sé! Pero debes prepararte mentalmente. Presta mucha atención a quienes te rodean.
—¡Lo haré! Tío Teodoro, mientras más se sabe, más peligro se corre. Ahora que estás al tanto del virus de 8ª generación, debes tener muchísimo cuidado. Protege tu espalda.
—¡Pierde cuidado! —respondió Teodoro con firmeza—. Estoy solo en el mundo, ¡no me da miedo que vengan por mí! ¡Si tienen el valor, que vengan a buscarme a la frontera para ver quién termina bajo tierra primero!
—Aparte de Ricardo, ¿hay alguna otra pista clave?
—Por lo que sabemos, hay tres figuras principales conectadas a ellos —explicó Aspen—. Uno es Cauto. Otro es el doctor Leo Jiménez, y el tercero es Mono Rojo, allá en El Triángulo de la Frontera.
—Pero por ahora parece que ninguno de los tres es tan vital como lo era Ricardo. Tendremos que seguir enfocando nuestros esfuerzos en la línea de investigación que él nos dejó.
Aunque Aspen sabía que Cauto seguía vivo y que estaba ligado al núcleo duro de la organización, las pistas eran demasiado escasas para rastrearlo.
Leo Jiménez era apenas un médico, y no tenía un panorama completo de la situación.
Y Mono Rojo era un caso aparte: al tener a Gael pisándole los talones, la organización le había contactado, pero no se atrevía a involucrarse a fondo con él. Mono Rojo ni siquiera conocía la estructura interna de esa gente.
Por lo tanto, Ricardo seguía siendo la pieza fundamental.
—Conozco a Mono Rojo —dijo Teodoro—. Es el nuevo pez gordo en El Triángulo de la Frontera. He escuchado algunos rumores sobre sus altercados con Gael.
—A Leo Jiménez no lo conozco personalmente, pero sé de su reputación. Es un médico muy prestigioso.
—Cauto... Sé quién es, pero, ¿no se suponía que estaba desaparecido, entre la vida y la muerte? Desde que me pediste que lo investigara, he estado alerta, pero no hubo ninguna novedad.
—Ricardo me dio información fresca. Cauto sigue vivo —reveló Aspen.
Teodoro se sorprendió.
—¿De verdad? ¿Cómo logró sobrevivir?
—Aún no tengo los detalles, pero ya envié a mi equipo a rastrear su paradero. Por ahora no hay noticias.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo