La otra parte guardó silencio un momento más. —Nos pondremos en contacto más tarde.
Y, tras decir esto, colgó.
Laín se giró rápidamente hacia su hermano. —¿Qué tal? ¿Pudiste localizar su posición?
Las pequeñas manos de Miro seguían tecleando a la velocidad del rayo. —Dame un segundo.
Poco después, Miro frunció el ceño y dijo con frustración: —¡Está en el mar!
Laín y Aspen se acercaron de inmediato, observando fijamente la pantalla.
—¿En qué parte exactamente?
Miro señaló un área. —En esa zona roja.
La pantalla no mostraba un punto específico, sino una mancha roja difusa.
Laín se cruzó de brazos. —¿Solo pudiste triangular la zona?
Miro suspiró. —El que llamó es muy astuto. Ha enrutado la señal a través de varios filtros, dando vueltas de un extremo al otro del globo. Es imposible precisar las coordenadas exactas, pero estoy cien por ciento seguro de que está en el mar.
Laín inquirió: —¿En un barco?
Miro asintió levemente. —Probablemente, aunque también podría ser una isla.
Aspen analizó la imagen. —Esas son aguas internacionales.
Miro suspiró de nuevo, resignado. —Sí... lo que significa que prácticamente no descubrimos nada.
Aspen le revolvió el cabello con cariño.
—Hiciste un trabajo increíble. Al menos ahora sabemos que operan desde aguas internacionales.
Laín ató cabos: —Víctor murió en aguas internacionales. ¿Crees que este tipo tenga algo que ver con él?
Aspen se mostró cauteloso. —Es posible, pero no tenemos pruebas concretas todavía.
Laín continuó con su interrogatorio: —Papá, ¿quién crees que sea el que te está llamando? ¿Tienes alguna idea de su perfil?
Aspen negó con la cabeza. —No lo conozco.
Laín seguía intrigado. —¿Y por qué te contacta él y no algún otro?
Aspen frunció el ceño ligeramente. —Es un misterio.
Era algo a lo que ya le había dado vueltas, pero sin llegar a una conclusión clara.
Laín analizó la situación: —Son gente muy precavida, jamás pondrían a cualquiera a negociar contigo. Este tipo debe tener un estatus especial.
Aspen compartía la teoría de su hijo. Había intentado investigar a esa persona anteriormente, pero al no encontrar ni un solo rastro, tuvo que dejarlo ir.
—Por ahora no le demos más importancia. Tarde o temprano su verdadera identidad saldrá a la luz.
Laín estuvo de acuerdo.
—Si ni siquiera Miro puede rastrearlo o localizar sus coordenadas, nadie más podrá. No vale la pena gastar energía y recursos en él en este momento.
Miro seguía con expresión grave.
—Los noté muy indecisos. ¿Creen que se nieguen a aceptar las condiciones de papá?
Laín negó con seguridad. —No se negarán. Simplemente no les hace gracia la idea, pero al final accederán. Un traidor interno es demasiado peligroso; están desesperados por encontrarlo.
Aspen asintió. —Laín tiene razón.
Luego, Laín propuso:
—Papá, ya que estamos aquí, cuéntanos a detalle cómo va todo el asunto del virus de 8ª generación. Queremos analizarlo juntos.
Aspen accedió y se sentó con ellos. Procedió a detallar todo lo ocurrido recientemente con Laín y Miro.
Hablaron sobre Ricardo Rojas, sobre su hermano y sobre su madre.

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