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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3502

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Carol siguió a Aspen con la mirada, igual de desconcertada.

Aunque sabía que Aspen le tenía mucho cariño a Kevin por ser el mejor amigo de Ledo, y que siempre le había deseado lo mejor, rara vez cruzaba tantas palabras con él.

¡Mucho menos para llenarlo de halagos!

Kevin, aún sin poder creérselo, volvió a preguntar: —Tía Carol, no escuché mal, ¿verdad? El Tío Aspen acaba de decirme que soy increíble.

Carol apartó la vista de la puerta de la cocina y sonrió con dulzura. —No escuchaste mal, corazón. Te estaba elogiando. ¡Dijo que eres un chico fantástico!

Kevin soltó una carcajada, radiante de felicidad. —¡Ledo, ¿escuchaste?! ¡El Tío Aspen me felicitó!

Ledo, sin embargo, frunció los labios y miró a su madre con seriedad. —¿Mi papá está bien?

—Está perfectamente—, le aseguró Carol. —Ya sabes que le tiene mucho aprecio a Kevin, solo que no suele ser muy expresivo.

Kevin asintió, tomando las palabras de Aspen como un mantra. —¡Voy a hacer exactamente lo que dijo el Tío Aspen! Comeré bien, descansaré, creceré sano y seré muy feliz. ¡Ledo, lo haremos juntos!

—¡Me parece perfecto!—, respondió Ledo con una sonrisa cómplice.

—¡Pero también tienen que estudiar mucho!—, les recordó Carol, divertida.

Kevin asintió enérgicamente. —¡Sí, sí! Le haré caso al Tío Aspen y también a ti, Tía Carol.

—Bueno, los dejo para que sigan charlando. Voy a preparar el almuerzo.

Carol se levantó y dejó a los niños en su mundo.

En el patio, Joaquín y Lola estaban limpiando mariscos frescos, así que Aspen estaba solo en la cocina. Carol entró sigilosamente y le preguntó en un susurro:

—¿Qué te pasa?

Aspen, sintiendo aún el peso en el pecho, la miró un segundo antes de bajar la vista hacia lo que estaba haciendo. —Es solo que Kevin... me da un poco de lástima. Me duele pensar en él.

Carol parpadeó, atónita. —¿Lástima? ¿Kevin Ibarra? ¡Pero si la vida que tiene es algo con lo que millones de personas solo podrían soñar!

—Hablo de su futuro—, aclaró Aspen en voz baja.

Carol ladeó la cabeza. —¿Su futuro? ¿Te preocupa que solo quiera jugar y no estudie, y que termine sin rumbo? No tienes de qué preocuparte, la familia Ibarra tiene poder de sobra para respaldarlo. Pase lo que pase, su vida siempre estará resuelta.

Aspen se quedó callado.

Tenía razón. Incluso si la rama de Damián caía en desgracia, a Kevin nunca le faltaría un techo, ropa de marca ni comida en la mesa, gracias al General Ibarra y al resto de la familia.

Lo que le aterraba era que el chico tuviera ambiciones. ¡Que quisiera entrar a la política o al ejército! Cuando llegara el momento de querer forjarse un nombre y descubriera que ni siquiera tenía derecho a intentarlo por los crímenes de su familia, se destrozaría por dentro.

El dinero y los lujos no pueden curar la agonía del alma.

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