Padre e hijo Castillo abrieron los ojos desmesuradamente, mirando a Aspen Bello como si estuvieran frente a un demonio.
El rostro de Aspen era puro hielo.
—Mi familia es mi límite absoluto. ¡Si alguien se atreve a tocarles un solo cabello, juro que le arrancaré la vida!
Los dos hombres morían de ganas de estallar en furia, pero el miedo los paralizaba. Sus rostros palidecían a cada segundo.
Aspen mantenía su expresión impenetrable.
—Díganme ustedes mismos, ¿es correcta la forma en que actuó la Familia Castillo?
Feliciano tragó saliva: —... ¡No!
Aspen exigió: —¿Entonces, la Familia Castillo debería disculparse?
Feliciano apretó los puños: —¡Sí!
Lleno de resentimiento, descargó toda su humillación contra su hijo, gritándole a todo pulmón: —¡Hijo indigno! ¡Qué esperas para pedirle perdón!
Javier estaba en shock absoluto. —¡¿Nosotros pedir perdón?!
Feliciano lo fulminó con la mirada. —¡Discúlpate!
Javier no podía asimilarlo. Habían golpeado a su hijo, ¿y encima tenía que ser él quien le pidiera perdón al agresor?
¡¿Desde cuándo la majestuosa Familia Castillo se tragaba un insulto como este?!
Pero al ver la daga presionando el cuello de su padre, apretó los dientes, tragándose su enorme ego. —¡Lo siento!
Aspen, notando la resistencia en su voz, apretó los labios, sin ninguna intención de perdonarlo tan fácil.
—¿Y esa es la actitud con la que la Familia Castillo admite sus errores?
Era obvio que no estaba satisfecho.
Feliciano volvió a rugirle a su hijo.
—¡Eres un inútil! ¡¿Ni siquiera sirves para pedir una disculpa en condiciones?! ¡Diles exactamente en qué te equivocaste!
Con el acero helado sobre la yugular, Feliciano no estaba en posición de buscarle tres pies al gato con Aspen Bello.
A Javier le hervía la sangre de pura humillación, pero conteniendo su rabia, dijo:
—Lo siento mucho, Señor Bello. Mis acciones fueron completamente inapropiadas, admito mi error. No debí meterme con un niño ni intentar hacerle daño de esa forma. Le pido que, por favor, me perdone y no tome en cuenta mi insensatez.
Aspen lo miró con desdén.
—Aprende la lección. Ten un poco más de humanidad y no trates la vida del hijo de otra persona como si no valiera nada. La vida de los hijos ajenos también es valiosa.

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