Feliciano Castillo estaba desesperado. —Entonces dime, ¡¿qué hacemos?!
¡El Patriarca Castillo estaba tan furioso que ni siquiera podía hablar, casi se muere del coraje!
Haber criado a un hijo tan estúpido... ¡no tenía remedio!
El mayordomo intervino:
—Joven Feliciano, que Aspen Bello muera ahora no nos beneficia en nada. Al contrario, deberíamos rezar para que siga vivo. Solo si él vive podremos quitarnos de encima esas acusaciones; al menos, los altos mandos no pensarán que nos atrevemos a jugar con vidas humanas a la ligera.
Feliciano frunció el ceño.
—Ese infeliz casi destruye a la familia Castillo, ¿y sugieres que se lo perdonemos?
El mayordomo respondió: —La venganza es un plato que se sirve frío.
Feliciano se quedó sin palabras: —...
El Patriarca Castillo recuperó el aliento y ordenó con el ceño fruncido:
—Tú te encargarás de vigilar las redes sociales en este instante. ¡Esa grabación de audio bajo ninguna circunstancia debe hacerse viral!
—¿Y qué hay del asunto de la familia Ibarra? ¿Se puede filtrar?—, preguntó Feliciano.
El Patriarca Castillo puso los ojos en blanco, exasperado.
—¡Imbécil! Si se pudiera filtrar, ¿no crees que ya estaría por todo internet?
—Es obvio que las altas esferas están suprimiendo la noticia. Si te atreves a filtrarla, te estarías enfrentando directamente al gobierno. ¿De verdad te crees con tanto poder para desafiar al país entero? ¡¿Estás loco?!
Feliciano tartamudeó: —Yo... solo preguntaba. Si no se puede, pues no se puede.
El Patriarca Castillo lo regañó severamente:
—¡No puedes tomar ninguna decisión por tu cuenta sobre Damián Ibarra o Aspen Bello! ¡Antes de hacer cualquier cosa, me consultas primero! ¡Por ahora, confórmate con vigilar esa maldita grabación, con eso tienes de sobra!
Feliciano, de mal humor, asintió.
—Entendido, papá. Pero, ¿por qué los altos mandos están encubriendo lo de la familia Ibarra? ¿Hay algo oculto en todo esto?
El Patriarca Castillo se frotó la frente.
—Definitivamente hay algo turbio, pero los de arriba tienen la boca sellada. Todavía nadie sabe exactamente qué crimen cometió Damián Ibarra.
Feliciano no lograba comprenderlo.
—Incluso si hubiera cometido traición a la patria, no habría necesidad de tanto secretismo, ¿verdad?
El mayordomo explicó:

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