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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3560

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Aspen también compartía esa misma duda.

Damián Ibarra debía tener perfectamente claro cuáles serían las fatales consecuencias de relacionarse con esa gente.

Y, sin embargo, había arrastrado a sus hijos y a sus nietos directo al abismo, condenando a toda su línea de sangre a una muerte segura.

Pero la realidad era que Damián Ibarra nunca se había caracterizado por ser un hombre que odiara o despreciara a su familia.

¿En qué momento se torció todo?

Aspen frunció el ceño, perdiéndose en sus pensamientos, pero por más que le daba vueltas, las piezas simplemente no encajaban.

Abel también guardó silencio y el interior del auto volvió a sumirse en la quietud.

Ocho vidas vibrantes y llenas de potencial. ¡Qué maldito desperdicio!

Veinte minutos después, llegaron al hotel.

Apenas abrieron la puerta de la suite, se toparon con Carol, quien estaba cerca de la entrada, cambiándose los zapatos.

Ambos hablaron al unísono:

—¿Vas a salir?

—¿Ya terminaron sus asuntos?

Aspen asintió y preguntó suavemente: —¿A dónde vas?

Carol le sonrió.

—Tía Regina me llamó. Me pidió que nos viéramos en la residencia Ibarra. Como pensé que estabas ocupado, decidí no llamarte para no interrumpirte.

Aspen alzó las cejas, sorprendido. —¿Levantaron el cerco de la residencia Ibarra?

Gael, que había permanecido con Carol, intervino para explicar:

—No. Tía Regina solicitó un permiso especial a las autoridades para ver a Carol y se lo concedieron. Ledo y yo estábamos a punto de acompañarla hasta allá.

—¿Los dejarán entrar a todos?—, inquirió Aspen.

Gael negó con la cabeza. —Ya pregunté. A mí no me dejarán pasar. Solo Carol y Ledo tienen autorización.

Antes de que Aspen pudiera decir nada, Carol se adelantó:

—¿Quieres que les dé algún mensaje de tu parte?

Aspen lo meditó por un instante.

—Dile al General Ibarra que lamento profundamente su pérdida, que, por favor, cuide mucho su salud. Y, de paso, menciónale que, si surge la más mínima oportunidad, intente conseguirme una entrevista a solas con Damián.

Carol asintió con firmeza. —De acuerdo, lo recordaré. Ustedes quédense a descansar, ya nos vamos.

Aspen no hizo el amago de entrar a la habitación. —Los acompañaré hasta la puerta.

—...

Unos diez minutos después, Aspen dejó a Carol y a Ledo en la entrada principal de la residencia Ibarra. Observó en silencio hasta que las figuras de su esposa y su hijo se perdieron tras las inmensas puertas de hierro.

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