—Se acercó a su padre únicamente para rastrear el paradero de Lázaro —aclaró Damián.
Aspen Bello se quedó en silencio. De inmediato, la imagen de Víctor cruzó por su mente. Víctor también se había infiltrado en su entorno durante más de dos décadas, fingiendo ser un mentor devoto, solo para extraer pistas sobre el virus de 8ª generación. Esa gente no solo era psicópata; su nivel de paciencia y fanatismo rozaba lo inhumano.
Damián prosiguió:
—Además, la impresión que me dio es que ella sentía un odio puro y visceral hacia Lázaro. Ah, hay un detalle más. Durante la discusión con Ricardo, mencionó algo sobre él. Dijo entre dientes, con absoluto desprecio, que Lázaro los había traicionado a todos.
Aspen frunció el ceño.
—O sea que Lázaro solía trabajar para ellos y luego se rebeló.
—Es lo más lógico. Seguramente colaboraban juntos hasta que ocurrió algo que lo cambió todo. Lázaro desapareció, y desde entonces esa organización lo ha estado cazando sin tregua.
Tras unos segundos de cavilación, Aspen señaló otra inconsistencia:
—Según mis informes, Ricardo se pavoneaba en sus círculos diciendo que un 'hermano mayor' le había enseñado a disparar. Eso significa que, en algún punto, tuvieron contacto. ¿Y su madre, que respiraba en su nuca todo el día, no se dio cuenta?
—No tenía idea —confirmó Damián—. Aquel día en el pasillo, cuando la discusión sacó a relucir el nombre de Lázaro, la madre se quedó de piedra. Le exigió a gritos saber cuándo había aparecido y cómo era posible que ella no se hubiera enterado.
»Ricardo le confesó que Lázaro lo había buscado en secreto, asegurándose de que ella jamás lo supiera. La mujer enloqueció; le gritaba por qué se lo había ocultado. Ricardo simplemente le respondió que era un pacto de sangre entre hermanos.
Aspen suspiró.
—El problema es que, cuando mi equipo y yo investigamos el pasado de Ricardo, también indagamos sobre Anja, la primera esposa de su padre. En los registros no constaba que hubiera tenido hijos, y su expediente estaba prácticamente vacío. Solo figuraba un nombre en la oficina de registro civil.
—Y yo sé por qué —dijo Damián con un deje de amargura—. La madre de Lázaro era extranjera. Nadie sabe si Raúl Rojas la compró en el mercado negro o si la secuestró, pero su origen era cien por ciento turbio. Dicen que Raúl nunca se atrevió a llevarla al pueblo; la mantenía cautiva en una choza miserable a mitad de la montaña, atada como a un perro para que no escapara.
»Eran tiempos de conflicto, y la frontera era tierra de nadie. Los aldeanos apenas podían sobrevivir, mucho menos meterse en los asuntos de un tipo violento para salvar a una desconocida. Por eso nadie en el pueblo la recordaba, especialmente las generaciones más jóvenes. Cuando las cosas se calmaron y el gobierno exigió registrar a los ciudadanos, las leyes eran laxas. Raúl Rojas fue y mintió en todo. Si buscas en los archivos ahora, la información es pura ficción: el nombre de Anja, su edad, su nacionalidad... todo es un invento para tapar el crimen.
Aspen se quedó atónito.
Con razón él y el General Teodoro se habían estrellado contra una pared de ladrillos. Incluso Miro Bello, con todo su talento informático, solo había logrado encontrar el rastro de Rocío Rojas. Del hermano mayor y de la primera esposa no había nada digitalizado. ¡Porque legalmente nunca existieron!
—¿Sabe de qué país era la madre de Lázaro? —preguntó Aspen.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo