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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3649

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—¡Sí, ese es 'Secreto'! —afirmó Marco asintiendo con fuerza.

Todos en el auto quedaron desconcertados.

—¿A qué te refieres con 'Secreto'? —preguntó Benjamín, confundido—. ¿Lo conoces pero no puedes decirnos quién es? ¿O es que él se llama así?

Marco frunció el ceño con frustración.

—Se llama Secreto. Y es un secreto. No puedo decirlo.

Todos intercambiaron miradas de estupor.

Benjamín lo miró a los ojos y, con un tono suave y paciente, le rogó:

—Marco, escúchame. Dime la verdad, ¿lo conoces?

Marco esquivó la mirada, luciendo incómodo, y guardó silencio.

Arturo, perdiendo la paciencia, alzó la voz.

—¡Marco! ¡Este es un asunto de vida o muerte para todos nosotros! ¡No puedes ocultarnos nada! ¡Dinos lo que sabes ahora mismo!

El grito asustó a Marco, quien de inmediato se encogió y se refugió contra el hombro de Benjamín.

Benjamín acarició su mano para calmarlo y le lanzó una mirada de advertencia a Arturo antes de volver a hablarle con dulzura.

—No te asustes, Arturo solo está un poco preocupado, no está enojado contigo. ¿Podrías compartir lo que sabes con nosotros? ¿Sí?

Marco apretó los labios. Su rostro reflejaba un profundo debate interno.

—Pero... es un secreto. No se puede decir.

—Los secretos no se le dicen a los extraños —razonó Benjamín suavemente—, pero nosotros somos tu familia, somos tu propia sangre. No pasa nada si nos lo cuentas a nosotros.

Marco pareció considerarlo. Finalmente, asintió y volvió a señalar la pantalla del teléfono.

—Sí lo conozco. Se llama Secreto.

—¿Él te dijo que se llamaba así? —preguntaron todos, cada vez más alarmados.

—Ajá, él me lo dijo.

Arturo ya no aguantaba la intriga.

—¿Cuándo lo viste? ¡¿Cómo es que yo nunca me enteré?!

—En la casa —respondió Marco con naturalidad.

—¡¿En la casa?! —exclamó Arturo, helado.

—Ajá. De noche, a la hora de dormir.

Un escalofrío recorrió la espalda de Arturo. Sintió que el aire le faltaba.

—¿Quieres decir que, mientras dormíamos, este hombre entraba a tu habitación a buscarte?

Marco volvió a asentir.

—Sí.

La respiración de Arturo se volvió errática.

—¡¿Y por qué demonios yo no sabía nada de esto?!

—Porque papá estaba durmiendo.

—¡¿Y por qué no me lo dijiste al día siguiente?! ¡Teníamos un trato! ¡Prometiste que me contarías todo lo que pasara!

Los ojos de Marco se llenaron de lágrimas de repente.

—Tenía miedo de que papá se muriera. Yo quiero mucho a papá, no quiero que papá se muera.

Arturo sintió una punzada en el corazón.

—¿Ese hombre te amenazó? ¿Te dijo que si me contabas algo, me mataría?

Marco asintió.

—Sí.

Arturo tardó varios segundos en recuperar el aliento y estabilizar su pulso. Cuando por fin pudo hablar, preguntó:

—Cuando iba a verte en las noches... ¿qué hacían?

—Jugar.

—¡¿Jugar?! —repitieron todos, perplejos.

—Él no es malo —añadió Marco con inocencia—. Me traía cosas ricas y jugaba conmigo.

—¿Qué clase de cosas te daba? ¿Y a qué jugaban? —quiso saber Benjamín.

—Cosas muy ricas. Había pastel y mucha carne, mucha mucha. Todo sabía muy bien.

Benjamín parpadeó.

—... ¿Y a qué jugaban?

—A la magia. Hacía trucos de magia, era muy divertido.

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