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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3663

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Mateo asintió, luego negó con la cabeza, y después volvió a asentir...

Tesoro razonó: —Pero si nos ponemos estrictos con el respeto, no tendría que tratarte así. Tendría que llamarte "maestro". Tú me enseñas el Arte del Vínculo, así que prácticamente eres mi profesor.

Mateo soltó un suspiro: —...Mejor dime por mi nombre.

Llamarlo maestro lo hacía sentir viejo, como si fueran de generaciones distintas.

Tesoro lo observó, un poco confundida: —¿Te importa tanto cómo te llame?

Mateo se apresuró a negar con la cabeza:

—¡Para nada! Solo me dio curiosidad escucharte hablarle así. Pero ya no importa. Anda, ve a buscar a Arturo Enríquez y a los demás. Deben estar impacientes.

Tesoro asintió, todavía extrañada: —...Oh, de acuerdo.

Sin darle más vueltas al asunto, se dio la vuelta y salió.

Mateo soltó un largo suspiro. No entendía por qué le importaba tanto lo que pasaba entre ella y Eric.

Incluso en medio de toda esa crisis, no había podido evitar preguntárselo.

¿Sería que le gustaba?

Pero no lo creía. Antes había dicho que quería estar con ella, pero solo para zafarse del compromiso que le habían arreglado.

¡Él nunca había planeado tener novia!

Y sin embargo, al imaginarse que ella podía estar con Eric, una extraña opresión se instalaba en su pecho.

Hasta se sorprendió pensando que, si en el futuro pudieran estar siempre juntos, no estaría nada mal.

Se entendían a la perfección. Estar a su lado era relajante, como si el aire mismo se volviera más dulce.

Pensando en eso, Mateo curvó los labios en una sonrisa inconsciente, y un leve rubor le tiñó las mejillas.

Afuera de la habitación.

Apenas la vieron salir, Aldo y Álex se pusieron de pie y la saludaron con entusiasmo:

—¡Buenas, señorita Bello!

Arturo y Alfredo Enríquez, que ya habían regresado, se acercaron con preocupación.

—¿Cómo están las cosas?

Al no ver a Eric por ninguna parte, Tesoro preguntó: —¿Dónde está Eric?

Alfredo Enríquez le indicó: —Salió al patio hace un momento.

Tesoro insistió: —¿A qué salió?

Alfredo negó con la cabeza: —No lo sé. ¿Pero cómo sigue Marco?

Tesoro no dio una respuesta directa. Simplemente dijo:

—Por ahora está estable. El pequeño doctor divino se quedó cuidándolo, así que no se preocupen.

Arturo preguntó con ansiedad: —¿Ha mostrado mejoría? ¿Creen que puedan curarlo por completo esta vez?

Tesoro fue sincera: —Está mejorando, pero no estoy segura de si se curará del todo. Aún tenemos que observar su evolución.

Arturo no se rindió: —¿Pero hay esperanzas?

Tesoro asintió con firmeza: —...¡Sí las hay!

Por el estado actual de Marco, el tratamiento que ella y Mateo estaban aplicando daba resultados.

Si no fuera por esa interferencia externa, seguramente se recuperaría mucho más rápido.

Ella le había preparado las mejores medicinas para el sistema nervioso, y el Arte del Vínculo de Mateo también ayudaba a regular los nervios. Combinados, el efecto era potentísimo.

De una forma u otra, la esperanza de una recuperación total seguía viva.

Al oír eso, Arturo esbozó una amplia sonrisa: —¡Qué buena noticia! ¡Mientras haya esperanza, todo está bien!

Alfredo también se emocionó:

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