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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3684

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Ledo detuvo sus golpes y lo miró con evidente incredulidad.

—¿Con esas habilidades pretendías secuestrar a mi hermana? ¿De dónde sacaste tanto valor?

Lázaro estaba conmocionado.

—¡¿Tienes criaturas venenosas contigo?!

Había estudiado el Arte del Vínculo bajo la tutela de Aura Dorado durante décadas. Hacía mucho tiempo que se había convertido en un Maestro del Vínculo extraordinario; su habilidad para controlar a estas criaturas era de primera categoría.

En todas estas décadas, jamás había fallado. ¡Hoy era la primera vez!

Podía sentir cómo el Vínculo Maestro temblaba de pánico en su interior. Estaba aterrorizado.

El Vínculo Maestro era, por naturaleza, la entidad más poderosa entre las criaturas venenosas. Solo reaccionaba de esa forma cuando percibía la presencia de un ser letal mucho más poderoso que él.

Ledo ignoró la pregunta. Al darse cuenta de que Cano y Pink eran suficientes para someterlo, decidió no seguir golpeándolo.

Sacó del bolsillo la pastilla que Tesoro le había dado.

—Si quieres llevar a mi hermana a La Selva, primero tendrás que tragarte esto. Es veneno, uno letal. Si lo ingieres y no tomas el antídoto, te mueres. Si cumples con el trato, regresas con nosotros a Puerto Rafe después de ir a La Selva, y respondes a todas las preguntas de mi papá sin mentir, mi hermana te dará la cura.

Lázaro frunció el ceño ligeramente y, tras soltar una leve tos, se puso de pie.

Al extender la mano para tomar el veneno, el Vínculo Maestro en su interior reaccionó con violencia.

Lázaro supo entonces que realmente se trataba de un veneno mortal. Aun así, no lo dudó ni un segundo y se lo tragó de golpe.

—¿Fue tu padre quien te envió?

Ledo asintió y confesó con total honestidad:

—Vine a poner a prueba tus habilidades. Ahora ya lo sé: no puedes vencerme.

Lázaro esperó a recuperar un poco el aliento y regresó a la casa para tomar una medicina para sus heridas.

Después de tragarla, se dejó caer en el sofá y observó fijamente a Ledo.

—Con razón tu padre es un dolor de cabeza para esa gente. Je, je, de verdad es increíble. Las personas ordinarias no podrían criar hijos tan excepcionales. La genética no miente.

Ledo miró a Lázaro con ojos escrutadores y guardó silencio.

—¿Qué pasa? ¿Te decepcioné? —preguntó el anciano.

Ledo no pudo contenerse:

—No diría decepción, pero había escuchado tantas historias sobre ti que, a mis ojos, deberías ser alguien increíblemente fuerte.

Dado todo el caos en el que había estado involucrado, Ledo siempre creyó que este hombre debía ser un rival temible.

Ahora, al verlo de cerca, hasta sentía un poco de lástima.

Lázaro entendió perfectamente a qué se refería y esbozó una sonrisa nostálgica.

—Por más fuerte que sea un hombre, siempre llegará el día en que envejezca. Además, corté lazos con esa gente hace mucho tiempo, ya no tengo tanta sed de sangre. Por otro lado, mi especialidad actual no es el combate cuerpo a cuerpo, sino el Arte del Vínculo. Pero, por lo visto, me tienes completamente neutralizado en ese aspecto.

Los labios de Ledo se movieron levemente, asintiendo para sus adentros. Era cierto.

Los Maestros del Vínculo dependían de ese arte; lo usaban tanto para salvar vidas como para arrebatarlas. Pero como Cano y Pink suprimían ese poder, el hombre se había convertido en una persona común y corriente.

—¿Cuándo planeas regresar a La Selva? —preguntó Ledo.

—Ya estoy listo. Puedo partir en cualquier momento, todo depende de los tiempos de ustedes.

—Una vez que definamos la fecha, mi papá te avisará. Mientras no intentes ningún truco sucio, este trato seguirá en pie.

—Lo único que me importa en lo que me queda de vida es un solo deseo —dijo Lázaro con tono melancólico—. Si están dispuestos a ayudarme, no romperé mi palabra. También me aseguraré de que ustedes obtengan lo que buscan.

Ledo asintió y, sin decir una palabra más, se dio la vuelta para marcharse.

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