Eric le explicó el motivo de su cautela:
—Temo que si esconde algo peligroso, en un futuro podría convertirse en una amenaza para ti.
Tesoro asintió con total comprensión.
—Entendido. Haré lo que me dices, Eric.
Un momento después, Mateo del Pozo salió de la habitación.
—Vamos.
Tesoro le sonrió.
—¿Estás listo?
Mateo arqueó una ceja, desbordando confianza.
—Me tienes a mí, no te preocupes.
Tesoro le dedicó una mirada rebosante de admiración.
—¡Sí!
Mientras ella mantenía la vista fija en Mateo, la mirada de Eric se posó brevemente en ella antes de apartarla. Su rostro no mostraba emoción alguna, lo que hacía imposible adivinar lo que estaba pensando.
Como Tesoro estaba tan concentrada en Mateo, no notó la expresión de Eric, y procedió a darle las últimas indicaciones a su amigo:
—Por cierto, asegúrate de camuflarte bien. Cuando veamos al esposo de la tía Mónica, bajo ninguna circunstancia debes dejar al descubierto tu verdadera identidad.
Mateo asintió con seguridad.
—Ya estoy totalmente preparado.
Tesoro insistió:
—¿Y tu modificador de voz?
Mateo se tocó el dispositivo en la garganta.
—Lo llevo puesto, solo falta encenderlo.
Tesoro no quiso dejar cabos sueltos:
—Enciéndelo ahora mismo. Es mejor prevenir que lamentar. Eric dice que el esposo de la tía Mónica parece sospechoso, así que todos debemos extremar precauciones.
Mateo obedeció sin chistar y encendió el aparato. Cuando volvió a hablar, su voz había cambiado drásticamente; ahora sonaba como la de un hombre maduro y rudo.
—¿Sospechoso de qué? ¿Acaso él envenenó a Mónica? ¿Tiene conexiones con La Selva?
Mateo ignoraba que la toxina en el cuerpo de Mónica estaba ligada al temido virus de 8ª generación, pero sí sabía que provenía de La Selva.
Si resultaba que Lucio era el responsable del envenenamiento, eso confirmaría que Lucio tenía vínculos estrechos con La Selva.
Tesoro giró la cabeza hacia Eric, esperando que él lo explicara.
Fue entonces cuando Eric habló:
—Aún no estamos seguros, primero hay que revisar su estado de salud. El señor Bello ya mandó a investigarlo, más tarde llamaré para preguntar.
Tesoro asintió y volvió a advertir a Mateo con mucha seriedad:
—Sea como sea, tienes que tener cuidado. Mucho, mucho cuidado.
Mateo adoptó un semblante completamente serio.
—¡Lo tendré!
Mientras los tres avanzaban por el pasillo, Ledo apareció tras haber terminado una llamada telefónica.
—¿A dónde van?
Tesoro respondió de inmediato:
—El esposo de la tía Mónica ya llegó, vamos a examinarlo.
Ledo entrecerró los ojos con cierta suspicacia.
—¿Lucio Lugo?
Tesoro se sorprendió de que supiera el nombre.
—¿Sabes quién es?
Ledo asintió.
—Ayer, papá le pidió a Miro que investigara todo sobre él.
Tesoro preguntó con urgencia:
—¿Y qué averiguó Miro?
Ledo negó con la cabeza, un poco apenado.
—Aún no me ha enviado ningún reporte. Ahorita no estaba hablando con Miro, estaba hablando con Kevin Ibarra.
Al notar que Ledo estaba de muy buen humor, Tesoro quiso saber de inmediato:
—¿Cómo sigue Kevin? ¿Ya le bajó la fiebre?
Ledo sonrió y asintió vigorosamente.
—Ya no tiene fiebre, y su estado de ánimo mejoró muchísimo. ¡Se ve cien veces mejor que cuando salí de allá!
Tesoro sonrió aliviada.
—Kevin es un muchacho muy fuerte y valiente, estoy segura de que logrará superar esta tragedia.
Ledo soltó un largo suspiro, sintiendo aún un poco de culpa.
—Debería haberme quedado a cuidarlo más tiempo. ¡Todo es culpa de ese bastardo de Lázaro Rojas!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo